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Regreso del mundo de los sueños, el tsunami

Posted on 12 4 Minutos 703 Lecturas

Desenterrar los recuerdos no suele ser buena idea… Ayer conseguí acceder a los datos presos en el ordenador que falló hace cuatro años, justo cuando llegaba de vuelta a España, justo cuando mi vida y la de mi familia dió un vuelco. En aquel momento en que perdimos de vista todo lo que habíamos sido, todo lo que habíamos tenido, los amigos que nos rodeaban y todo lo que había construido en mi vida durante los últimos 20 años.

Uno de aquellos cambios que esperas que suceda un día, planeas, y sin embargo finalmente ocurren de la forma en la que realmente menos deseabas. Como un tsunami … Pasamos de tener una vida a no tener nada.

 

Mis hijos estuvieron apunto de perder más que yo, casi me perdieron a mi, lo único que podía protegerlos… Gracias a Dios sabe qué, ni cómo, ni cuándo, salimos y sobrevivimos a aquella situación. Fueron dos largos años de lucha, de batalla contra todo, todos, carencias, de soledad y miedo, en los que tan sólo nos tuvimos a nosotros mismos.

Durante aquel periodo preguntaba porqué la vida me había enfrentado a esa situación. En contra de lo que todos pensaban, yo sabía que sobreviviría, mi alma no se sentía vencida. Debía existir una razón por la cual en este año de 2009, con una crisis terrible acercándose, mi paraíso, el lugar donde vivían los sueños quedaba tan lejos de nosotros.

Qué estábamos haciendo en este país desconocido para los tres, una mujer sin fuerzas y sin medios, un chico de 12 años y un niño de casi 3. Debían existir respuestas aunque no conseguía descifrarlas, pero como siempre fuí cabezota y paciente, decía mi padre, no me rendía. Sabía que un día la encontraría.

Todo era un sinsentido. Dejar la vida confortable que había alcanzado tras años de duro esfuerzo, trabajo y ahorro. Dejar los amigos que se habían convertido en mi familia y las gentes de mi aldea a las que saludaba siempre con un precioso «bom día, todo bom?».

Prefiero no continuar, porque ya pasé página, ya son cuatro años los que me separan de aquella que consideré una catástrofe y conseguimos rehacer la vida de nuevo como hacen muchos «emigrantes retornados».
En ocasiones mirando atrás se tiene la sensación de que aquella vida fue un largo sueño. Recuerdos de cómo fuí, cómo enfrentaba problemas que en este país son inimaginables, ocho años sin luz eléctrica, sin teléfono, televisión, cine o tiendas, carreteras tan sólo accesibles en tractor la mayor parte del año, a 4, 5 o 6 horas de la civilización dependiendo de la lluvia, o quizás a días de estar comunicados de nuevo…. Y sin embargo feliz, feliz en casi cada instante… Y sin embargo duro, muy duro, más de lo que me creí capaz de soportar.

Traje de vuelta a este país lecciones aprendidas que jamás tendría la oportunidad de haber aprendido en mi vida aquí. Conocí personas de todo el mundo con puntos de vista completamente distintos ante los mismos hechos o problemas.

Personas pobres, muy pobres, como aquí nadie puede imaginar, con la sonrisa más bonita que he visto jamás, transpirando felicidad con lo básico para sobrevivir, de los que aprendí qué poco necesitamos para tener un motivo para sonreír, para ayudar al otro, compartir lo que tienes, y que la mayor riqueza es tener personas que te amen a tu lado y nada te faltará.

Ricos muy ricos, humildes, solidarios, buscando siempre a quien ayudar, que cuidaban de sus trabajadores como si de sus hijos se tratase, y no permitían que nada les faltase, que tenían como objetivo que progresaran sus familias año tras año, que sus hijos estudiasen y pudieran estar orgullosos de trabajar para ellos.

Trabajadores tenaces, que no se dejaban humillar, que hacían el vacío a quien no los tratase con respeto, prefiriendo dejar el trabajo a ser explotados. Porque las necesidades allí son distintas, no es necesario tanto para ir hacia adelante y confiaban en ser valorados por los próximos que les ofreciesen un trabajo

Nativos libres, a los que el dinero no compraba la libertad de pescar, coger fruta del «mato», ir a buscar unos cangrejos para la cena.

Amigos de verdad que estaban pendientes de lo que necesitases, a los que podías llamar, buscar en alegrías y tristezas, y nada buscaban a cambio.

Personas con humanidad, respeto hacia el otro, capaces de estar unidos y colaborar en un lugar supuestamente tan hostil. Donde no eras más ni menos por lo que tenias, pues de poco servía ni el dinero, ni los estudios, ni la belleza, la ropa o un buen peinado… Sólo servía si eras un buen ser humano, o no. Nunca nos faltó nada ni nadie en todos aquellos años realmente.

Traje una maleta con dos vaqueros y un ordenador roto que ayer me permitió ver las fotos y las músicas que me acompañaron en aquellos momentos. Ayer sentí que volvía, y la melancolía invadió mi alma. Pero hoy percibo que realmente traje mucho más que todo lo que en esa maleta cabía.
Simplemente volví: siendo yo misma y una lección de vida aprendida.

 

 

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12 Comments
  • Juanma de la Torre
    abril 12, 2013

    Es un placer leerte, Lola.

  • Juana
    abril 13, 2013

    A veces, algunas veces lloro leyendo … soy de «poco» llorar, pero agradezco que me lleguen al alma … ¡gracias!

    • lolacebolla
      abril 13, 2013

      Gracias por tu comentario, y agradecida por haber conectado con lo que sentía al escribirlo, un fuerte abrazo Juana

  • Javier
    abril 15, 2013

    Me descubro ante la fortaleza, la entereza y el afán de superación de problemas sobrevenidos. Luchadora, superviviente, tenaz son algunos de los adjetivos que se me ocurren pero entre todos uno, Humana en el mas amplio sentido de la palabra. Muchas gracias por una nueva lectura que transmite sentimientos y vivencias que llegan al alma y rozan la piel.

  • Fabiola
    abril 28, 2013

    Como siempre adore lo que has escrito,tu maleta vino repleta de enseñanzas riquísimas .te deseo un gran suceso como trasmitora de las cosas importantes de la Vida.

    • lolacebolla
      abril 28, 2013

      Muchas gracias Fabiola! Y gracias a amigas como tu, que siempre estuvieron ahí, fue todo mucho más fácil! Un fuerte abrazo!!!

  • isabel
    agosto 10, 2015

    Lola cada vez que tengo la oportunidad de leer lo que escribes, me emocionas;
    Eres una gran persona;
    Un abrazo cariño;

  • Kidredman
    febrero 8, 2021

    Meus olhos se encheram d’água quando cheguei em Algodões no primeiro novembro, um pouco depois que vcs foram embora, e fiquei perambulando pelo Las Brisas abandonado. A palha faltando nos telhados, o cupinzeiro enorme na sua sala, folhas de coqueiro secas espalhadas pelo terreno… um lugar que era tão cheio de vida, de calor humano, de bons amigos… lembrei do eclipse na primeira casa, das vodcas, dos chapatis, das tortilhas, das festinhas embaladas por Mano Chao, das noites sem fim, dos banhos no aibim na volta do surfe… sua casa se tornou nossa casa, nosso barzinho, nosso «clube» na cara da praia. Percebi com tristeza que foi o fim de uma era mágica. Sentimos sua falta em Los Algodones hoje, mas assim é a vida… nada é eterno e devemos agradecer ao Pai por todos aqueles momentos. Obrigado, Lola, pela amizade e por compartilhar com todos nós aquele espaço maravilhoso que deu tanto trabalho para conquistar. Muito bom te ver bem, com saúde e feliz. Beijão.

    • Lola Cebolla
      febrero 8, 2021

      A saudade que às vezes sinto é tão grande que prefiro não entrar en Facebook para não ver nada. Outras vezes, entro procurando seus perfis um a um para ver pelo menos vocês curtindo aquele lugar maravilhoso. Embora eu saiba que não é mais o mesmo lugar que conhecemos, gosto de imaginá-lo igual. Tenho que agradecer especialmente por seu amor e companhia até o último dia. Você é um daqueles amigos que sempre esteve, do começo ao fim, compartilhando a sua alegria, nos bons e nos maus momentos. Um grande beijo Red.

  • Alfonso Castro
    febrero 9, 2021

    Debiste tener una razón muy poderosa para dejar aquello. Pues la vida en esta sociedad creo que es más dura y menos reconfortante que la propia selva.

    • Lola Cebolla
      febrero 9, 2021

      La única razón fue motivos médicos, no me dieron opción para volver a Brasil. Y es cierto, la vida allí podría parecer más dura pero es más apacible y menos cruel.