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Antisistema por sistema

Posted on 2 5 Minutos 589 Lecturas

Te vas convenciendo de que eres un “antisistema” cuando te has pasado toda la vida ansiando libertad y ésta solo llega por momentos o por fugaces estados mentales.

Porque parece que la misión más difícil que tenemos en esta vida es conseguir el derecho a que nos dejen en paz.

¿Recordáis aquello de vive y deja vivir? Ya no sirve la buena educación, o los principios morales que nos han inculcado de no hacer daño, no apropiarse de lo ajeno, de respetar a los demás o de mirar a las personas “como lo que son en vez de lo que parecen”, personas con sus particularidades, esas que nos hace diferentes.

 

Catecismo laico

Ahora debemos cumplir el catecismo de lo moralmente admitido por un sector de la población, políticos y “pensadores” (me da la risa llamarlos así). Algunos de ellos lleno de traumas, otros porque siguen siendo los puritanos y los demás porque tienen algo que vender a los primeros, ya sea champú, coches, ropa, entretenimiento o votos.

Nos imponen el que llamo catecismo laico, y su incumplimiento ya no es que estés condenado al cielo o al infierno. Ellos han perfeccionado el castigo y los pecados los pagas aquí y ahora con la expulsión social y laboral para que vivas en el infierno aquí y ahora. La excomunión social está garantizada para el que se salte o cuestione alguno de sus preceptos. Son tantas las reglas además, que es difícil no equivocarse si te atreves a opinar, charlar o bromear sobre cualquier aspecto de la vida que nos rodea.

Ya no es el “qué dirán”, ahora te quedas sin trabajo. Un síntoma claro es el miedo a decir lo que se piensa con nombres y apellidos en redes sociales, detrás de muchos seudónimos hay también mucho miedo.

Para los susceptibles que lean esto pongo un ejemplo, a los niños se les educa y enseña que no se puede insultar, meterse con los defectos de los demás y humillar a nadie. Una norma general para garantizar la convivencia, que pese a ella ya sabemos todos que en el proceso educativo no se consigue en dos días, porque educar es cuestión de tiempo y de perseverancia. Porque los niños son niños y se equivocan.

Pues bien, eso ahora se acota y se subdivide el respeto a los demás según el nuevo ideario y esas normas de convivencia además se aplican solo a lo que interesa a algunos, de manera que humillar a cualquiera está mal salvo si hablas español en determinados lugares o si llevas la bandera de tu país en una pulsera, por citar algunos ejemplos.

No quiero entrar en debates en este post con más ejemplos que todos conocemos.

 

Cuando la convivencia era posible

Una vez fuimos libres comprendiendo que hay que aprender a ser tolerantes. Me gusta el ejemplo que casi todos hemos vivido “soportando” a hermanos que no se parecían en nada a nosotros pese haber recibido lo mismo y compartido valores y educación.

A esos momentos de libertad que vivimos (y nos trabajamos) apenas se le ha dado el espacio suficiente para que abarcase toda la sociedad y más de una generación.

Muchos no saben que aprendimos a ver más allá de las apariencias y darnos un tiempo para descubrir el ser humano que había dentro del que teníamos enfrente.

Convivimos en su momento (los “normales”) con ex hippies nostálgicos, con punks, roqueros y rockabilys, con mods y pijos de chalequitos por los hombros, con intentos de disfraces de Madonna y Cindy Lauper, con siniestros vestidos de negro, con mezclas que combinaban Levis con dos docenas de imperdibles en cada pata.

Aprendimos a besarnos en la calle sin censura, a decir lo que pensábamos y respetarnos, a bromear y no avergonzarnos por los chistes verdes de los chicos y las chicas a reírnos con Beny Hill. No existían las palabras prohibidas, no eran necesarias.

Aprendimos a aislar al intolerante, a “pelear” con nuestros padres para que nos dejaran vestir como queríamos, a salir con chicos que parecían no tener futuro, o para que nos dejaran llegar más tarde a casa.

Lo que más queríamos era independizarnos para ser libres aunque a medias, a cambio había que asumir la responsabilidad de un trabajo. Y no mucho después, esa libertad se esfumó con el nuevo moralismo moderno que no tenía su raíz en la educación y los moldes de la mitad del siglo XX contra los que nos rebelábamos, ésta nueva religión la han creado sus hijos y me recuerda enormemente el anterior. Es el mismo perro con distinto collar.

Los “antisistemas” (por llamarlo de alguna manera) de entonces buscaban en realidad ese cupo de libertad que se suponía que representaba el progreso, era un pensamiento alejado de los cautivos del “qué dirán”.  Se cambiaba toda la filosofía de vida por el “si no hago daño a nada ni a nadie puedo hacer lo que quiera”.

Solo que ahora y a diferencia de aquella lucha, el progreso es un retroceso porque cualquiera se siente dañado, lastimado o herido solo por no darle la razón o suponer que se daña la imagen de alguien.

Es una censura anárquica, todo está mal ante la ausencia de valores básicos. Pero todo desde un determinado sector que permite la falta de respeto de unos frente a la opinión de otros. Ya no es cuestión de hechos, es cuestión de quién haga el qué (espero que se entienda sin poner ejemplos).

Ayer leía que lo importante no eran los hechos, sino las intenciones, y en esas intenciones y en esos hechos cabe cualquier sesgo que depende absolutamente de quién nos juzga desde el poder y sus colaboradores sociales (vigilantes morales) para determinar el daño moral.

Es ese tipo de daño a la “moral” que me recuerda tanto a las religiosas de pueblo de los años 40 o 50 de ciertas películas, ese es el que ha regresado, esta vez cambiando el “qué dirán” por el “cuidado con lo que dices o dejas de decir”.

Quien no vivió la libertad que vivimos algunos es posible que no la comprenda.

Y así es como seguimos siendo antisistemas, seguimos ansiando la libertad que creímos no hace tanto haber conseguido. Seguimos nadando contracorriente, no quiero pensar que la libertad ha perdido.

 

Quizás al escribir esto me acordaba de aquellos a los que les dediqué otro post, a los resentidos.

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2 Comments
  • Regina
    marzo 15, 2021

    es insoportable vivir así, vivan la naturalidad y la frescura, las cosas por su nombre. Estupendo, Lola

    • Lola Cebolla
      marzo 15, 2021

      Bastante insoportable Regina, es asfixiante. Gracias por estar aquí