Cómo nació Lolalandia, el lugar donde viven los sueños


Comencé hace unos años el relato del ‘Viaje al mundo de los sueños’. Por falta de tiempo no consiguí redactar más de tres o cuatro post en este blog. Y es que me tienen muy ocupada últimamente la construcción de nuevos sueños aquí en mi tierra natal.

Mientras mi mente intentaba crear la forma de construir los nuevos sueños fue de mucha utilidad recordar y analizar cómo había conseguido los anteriores y reflexionar sobre ello. Y al final de este post comprenderéis porqué era necesario.

Con el ímpetu de mi juventud con 24 años tan solo necesité una mochila y un puñado de dólares para atravesar el mundo y comenzar en primer lugar por descubrir qué quería sin saber cómo lo haría. Era necesario tan solo confiar en que todo iría bien y que tenía claro que las dificultades debían hacerme más fuerte, pues no estaba dispuesta a regresar a España.

Podéis leerlo en el relato inicial. Con una mochila a cuestas…

Aunque no todo comenzó camino de la estación de autobuses con un billete de avión en el bolsillo hacia un país desconocido por mí como Brasil y conocido en todo el mundo por su violencia, peligrosidad, samba y mujeres (o eso es lo que nos cuentan).

No sabía el idioma, no conocía a nadie ni tenía muy claro dónde estaba el lugar o qué me iba a encontrar allí. En aquella época solo era un lugar que no era éste y eso era lo importante, lo demás, ya se vería. La ignorancia es muy valiente y con 24 años era una trotamundos novata.

Aquí os dejo donde estaba (y estoy ahora) y donde fui (marcador rojo).

En realidad llegué a Río de Janeiro, unos 1100 kilómetros de nada más abajo. Tras unas 72 horas de viaje en total, sin parar. Un viaje lowcost que llaman ahora en toda clase de vehículos. Lo contaba en el segudo relato.

No voy a contar la historia completa, necesitaría un libro, pero adelanto que no fue fácil.

Fueron 8 años en total desde que llegué en mi primer viaje sin luz eléctrica. El primer aparato que entró en casa, a los 5 años de comenzar a construir y vivir como Robinson Crusoe, fue una placa solar que alimentaba una batería de coche para dar energía a un teléfono vía radio y dos horas al día si hacia sol a un portátil de segunda mano. Esto me garantizaba conexión a Internet, ese invento maravilloso que me permitiría conectar con el mundo exterior.

Alli no había primos, ni compañeros de colegio, ni amigos cuando llegué. Todas las relaciones tuvieron que crearse de sábado a sábado cuando íbamos al pueblo a comprar el único día de mercado. Cosa que no era fácil, mirad nuestra carretera:

Pues al mercado, al médico o la farmacia teníamos unos 14 Km así por delante normalmente excepto algunas semanas de verano, es el trópico. A la ciudad con gasolinera, butano o un banco, Ubaitaba, otros 60 Km. Es decir, más de 3 horas de viaje si no llovía. Una hazada y tablas para sacar el coche de los atascos vivían en el maletero del coche, un alambre por si se te caía el tubo de escape y una buena cuerda por si no lo conseguías y otro coche 4×4 podía sacarte, o un camión o el primero que pasará por allí (si pasaba alguien).

Mis hijos se criaron en plena naturaleza, como madre no fue fácil pero ellos tuvieron una infancia espectacular que ya contaré un día si escribo el libro. Con el colegio y recreo en la playa y sus juguetes eran como herramientas de trabajo (mirad en la fotografía abajo qué cosa linda trabajadora cogiendo los cocos que íbamos a vender), no teníamos caprichos y tampoco nos hacía falta. El mayor principalmente sentía que era uno más y se apuntaba a trabajar en lo que pudiera, siguiéndonos e imitándonos en todo lo que hacíamos. Recogía cocos, me pedía para llevar el plato del almuerzo a los huéspedes o me ayudaba cuando tuve que hacer de carpintera.

Una realidad completamente distinta a la de los niños aquí y que lo ha convertido también en un joven singular.


Fueron muchos años escuchando cómo me decían y se preguntaban que abrir un negocio allí era una locura. Pero nada podía evitar que creyera firmemente que mis planes iban a salir bien, cueste lo que cueste (en esfuerzo, porque dólares no había). Ya lo decía mi padre, soy un poco cabezota.

Mirad qué maravilla, solo eran unos metros de playa, Brasil tiene más de 8 mil kilómetros, sin embargo mi negocio iba a ser único, especial, diferente. Aunque no tuviera luz eléctrica.

 

Esta foto de aquí arriba, fue realizada por un amigo el último año de mi estancia allí. Imaginaos sin construcciones, y que la arena de los cocoteros no se veía de tanta maleza. Por supuesto no había ni puente para atravesar el río.

 

 

Precioso y duro. Durante más de 15 años cientos de viajeros que llegaban en verano intentaron vivir allí, y lo conseguían hasta que llovía durante 15 días seguidos y dejaba de ser “divertido”.

Mi salvación fue Internet, Messenger, los foros, crear mi primera página web, el contacto continuo con los clientes que se convertían en mis amigos. En todo el país podían ver las instalaciones y contactar conmigo, explicarles cómo llegar y qué teníamos que ofrecerles distinto a los miles de hoteles y playas del país.

Pensar en los clientes y en lo más sagrado para ellos, sus vacaciones y más cuando recorrían hasta 1500 km para pasar una semana allí a riesgo de incluso quedarse sin coche en aquella carretera. Todo el equipo y yo lo teníamos claro, dejaban con nosotros días valiosos, tiempo especial después de un año duro de trabajo. Debían salir de allí preparados y cargados de energía para enfrentar un año más. Y lo conseguíamos. La experiencia del cliente estaba medida al milímetro.

Cuando al fin llegó La Luz eléctrica lo siguiente que entró en casa fue una antena inmensa de conexión a Internet de alta velocidad vía Satélite, que aún no entiendo cómo se mantenía en el tejado. La electricidad fue necesaria para no morir de éxito, la nevera de gas no daba a basto teniendo que almacenar tanto por la distancia a la ciudad.

Tres meses antes de la temporada ya tenía lista de espera y no podía hospedar a todos lo que me llamaban. Tuve que crear una estrategia de selección y arrendar también las pocas casas de los vecinos que reunían los requisitos de calidad como una extensión del Hotel y allí alojaba a los que ya no cabían en mis bungalows.

Asi, la casa de Lola gracias a Internet también se convirtió en una referencia para hospedarse en Río de Janeiro y Sao Paulo, para comer y poder conectarse en un lugar donde no había señal del móvil, ni existían aún los datos. El camping, las casas de alquiler de la zona, comenzó mi experiencia en comunicación Digital, atraer clientes sin publicidad y fidelizarlos. Si me hubiera quedado esperando como hacen algunas empresas aquí, a que pasaran los clientes por la puerta, hubiera regresado al segundo o tercer año.

No solo el hotel, pude construir para otros viviendas que como arquitecto dejaron desarrollar toda mi creatividad, esa mezcla entre lo que quería construir y lo que tenía posibilidades de hacer, todo un reto y una satisfacción creativa. De hecho sin creatividad es imposible hacer nada en un lugar como aquel sin prácticamente recursos.

Os enseño algunas imágenes de 17 años de trabajo, esfuerzo, ilusión y pasión, mucha confianza en el proyecto y sobre todo mucho cariño, mío y de todos los grandes amigos que allí dejé al regresar a España. Y sobre todo gracias a la Comunicación Digital, mi principal herramienta para conectarme con el resto del mundo e incluso conseguir todo lo que no existía en la zona.

(Hay más fotos en mi otra web)

¿Y qué pasó, qué hago ahora aqui?

Tras el disgusto de tener que regresar a España por motivos de salud de extrema necesidad (cuando un médico te dice, “arregla tus cosas y trae a los niños” no es nada bueno)  reflexioné quién era aquella Lola que llegó sin nada y consiguió lo que tenía en ese momento.

Durante el proceso y lucha por la supervivencia, crías a los hijos e intentas crear un medio de vida que proporcione lo suficiente para los tres (a los niños los estaba criando sola) pones el piloto automático y ala… Como aquí en la “civilización”, que vas pensando cómo y cuándo pagas tus facturas y planificar tu negocio, poco más. Hacer tres trabajos complementarios e incluso 4 profesiones distintas no deja mucho tiempo para pensar en qué pasaría si…

Es así como llegé en el año 2009, inicio de la crisis inmobiliaria para una arquitecta y una hotelera sin hotel. Dos años más tarde, sobrevivo y recupero la salud mientras pierdo a mi padre, que era un Tarzán inquieto, sano y de una vitalidad envidiable.

Entonces si reflexionas, ya no puedes volver, tienes dos hijos que están recuperándose del disgusto de vivir aquí al igual que tú y asumes que hay que continuar sobreviviendo y manteniendo a tu familia.

El 20% de Lola que sobrevivió con 20 años más tenía que comenzar de nuevo con la “pequeña diferencia”  de no tener padre y si dos hijos que dependen exclusivamente de ti.

Recapitulo entonces aunque aún dolía la pérdida, las pérdidas. Dios mío cómo tuve que aprender sobre Desapego, cómo tuve que aprender sobre autoestima (aquí los que enferman son considerados por muchos culpables de algo, no sé muy bien el qué). Cómo tuve que aprender a ser feliz nuevamente sin nada mirando a mis hijos sin saber cómo asegurarles el futuro.

Y nada mejor que regresar al pasado para descubrir a esa Lola pionera, para rescatar esa fortaleza, casi locura que me había dado la oportunidad de construir una vida, amigos y todo lo que era partiendo de cero. Y fue necesario y tengo que decirlo porque en Brasil todos creían en mí, en mis sueños y aquí mientras tanto, incomprensiblemente no era más que una emigrante retornada, un fracaso por haber perdido la estabilidad financiera por un problema de salud.

Encima era el inicio de la crisis, muchos creían que si se acercaban nos tendrían que ayudar por obligación, así que cuánto más lejos mejor,

Si os digo la verdad, incomprensible.

Gracias a un amigo, de esos de verdad, que vino a España y viajó en tren desde Madrid solo para tomar un café hasta Sevilla, recuperé la autoestima.

Como en las películas me dijo una frase mágica, Luis me quiere de verdad y lo sé porque fue el único capaz de conocerme tanto y comprender tanto la situación que me dijo aquello que necesitaba escuchar.

Lola, las personas no cambian, y si tu conseguiste montar todo aquello en Brasil estoy seguro que podrás hacer algo igual o mayor en España.

Montar lo mismo, uf. Un medio de vida, amigos, muchos amigos, un negocio, clientes, gente que me quisiera como los que había dejado a miles de kilómetros. Creía él más en mí que yo misma, para qué nos vamos a engañar.

Y así fue como el motor arrancó, metí primera y gracias a él casi, casi ya estoy viviendo el nuevo sueño.

Si no tuve que esperar a que pasaran los clientes por la puerta de mi hotel quería enseñar y ayudar a todos los que pudiera. Y que muchos, pese a sentirse en una isla desierta en sus negocios, sepan que hay formas de encontrar y que te encuentren aquellos clientes que están deseando conectar con una empresa como la suya, única y especial, porque todos damos ese toque en todo lo que hacemos, solo hay que saber contarlo.

 

Y tu, ¿ qué piensas? Puedes dejar aquí tu comentario

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