¿La Generación mejor preparada? ¿Y ahora qué?


No importa las herramientas que tengas
No importa los recursos que tengas; si no sabes usarlos, nunca serán suficientes

Tuve la suerte que muchos reclutadores de talento o de Recursos Humanos no tienen ni tendrán, cuatro años de convivencia universitaria dan una perspectiva inmensa sobre los jóvenes y cada uno de los compañeros de batalla.
Es sumamente gratificante (puede que sea un poco rara, lo sé) vivir esta experiencia y conocer aspectos de manera informal de esta generación que muchos padres y empresarios no conocerán jamás.

Siento discrepar del creador del slogan “la generación más preparada de la historia”, y voy a argumentar desde mi propio punto de vista que se trata de “la generación más titulada”. Por varias razones y especialmente porque me parece terrible lo que lleva implícito la citada frase y es irremediable deducir, ¿estamos las generaciones anteriores “peor preparadas”?

Regresar en la madurez a la universidad es una experiencia inolvidable tanto en el aspecto personal y humano como en el profesional. Conocer y ver crecer a mis compañeros (mientras yo envejecía), ver como iniciaron el primer curso como niños, recién salidos de los institutos (muchos de ellos) y se transformaban en jóvenes adultos, profesionales, con inquietudes laborales y capaces de visualizarse a sí mismos en el futuro como grandes cineastas, diseñadores, publicistas, periodistas y comunicadores. Gente joven preocupada e inquieta, responsable con su trabajo y con lo que representan dentro de un trabajo en equipo. Algunos de ellos tenían tantas ganas de comerse el mundo que incluso antes de terminar la carrera ya rondaban el mundo profesional, aprovechaban cada evento, concurso, cada oportunidad para aprender y ampliar su campo alimentando sus ansias del saber fuera del ámbito universitario, buscando herramientas sin cesar y formas de desarrollar su creatividad y hacer lo que amaban, su profesión.

Recuerdo el día de la presentación de una de mis profesoras, en la asignatura que más me motivaba y una de las razones por la que me matriculé nuevamente en la universidad. Era mi profesora de Gabinete de Comunicación, periodista y con una larga y exitosa carrera en la comunicación de gabinetes. Una frase que no olvidaré fue, la contestación que me dio al decirle que aun no éramos periodistas, que habría que finalizar el año para conseguirlo al tener el aprobado y el titulo en la mano. Su contestación fue rotunda, y aunque no recuerdo la frase exacta, si venia a significar, que si allí hubiera alguien que no se sintiera un periodista desde primero, mejor se levantase de la silla y se fuera. Pues la profesión no la da cuatro años de estudios y un titulo, se siente y se ama.

Después de esto, nos pidió que nos levantásemos de nuestras sillas uno a uno para explicar al resto de los compañeros la razón por la cual habíamos escogido esta carrera. Cada uno de nosotros fue contando resumidamente su motivación y un breve resumen de cómo habíamos llegado hasta allí. Muchos de nosotros nos sorprendimos de lo que allí escuchábamos, llevábamos tres años juntos, nos veíamos y hablábamos cada día, pero en realidad sabíamos poco del camino que nos hizo encontrarnos en primero de carrera. De aquello aprendí principalmente dos cuestiones. La primera, que muchos suponen quien eres, crean un personaje en función de una serie de estereotipos y poco desean realmente conocer la realidad que nos rodea y cómo son los seres humanos que tienes al lado. Por otro lado, comprendí que mucha gente miente, necesita crear un personaje de sí mismo para ser aceptado por la comunidad.

Si aquel discurso que hicimos frente a la clase hubiera sido una entrevista de trabajo, creo que ocho meses después solo hubieran sobrevivido al empleo un 20% de los jóvenes, el 10% de ellos de forma excelente (con la edad usual de fin de carrera, 22 años), y otro 20% con edades superiores a la treintena y cuarentena. Si descartáramos los estudiantes pertenecientes a las generación que cronológicamente no se encuentran en la edad universitaria (es decir los que hace muchos años finalizaron el bachiller) es una estadística terrible. Y lo que es peor, no se aleja de las estadísticas que observamos sobre el empleo juvenil post-universitario.

¿En que me baso para tal afirmación?
En varios factores analizados. El primero es mi experiencia como reclutadora de personal. En muchos aspectos se lleva a valorar más la actitud, la capacidad de aprender y de compatibilidad con el grupo de trabajo en su totalidad que sus conocimientos (de poco sirve una persona altamente capacitada si es arrogante, se siente superior y no sabe colaborar y trabajar en equipo).

Por otro lado, haber convivido con jóvenes universitarios los últimos cuatro años como compañera de batallas, desayunos en la cafetería, trabajos en grupo o exámenes. Compartir tristezas, alegrías, inquietudes, experiencias, largas charlas académicas y privadas, vivido y presenciado riñas (por falta de cooperación) entre compañeros durante la elaboración de un trabajo o presentación, o pertenecer al grupo de Whatsapp en los que se comparte hasta la hora en la que te levantas. Incluso sentir en muchas ocasiones que no existía diferencia generacional entre nosotros.

Lo que aquí resumo, según la visión de un adulto de bien pasados los cuarenta, ¿no es suficiente estas vivencias para obtener perspectivas y conocer en profundidad aspectos que a la mayoría de las personas de mi edad tan solo imaginan? Ser profesor aporta muchos datos, principalmente por tener una visión más amplia tras conocer promoción tras promoción. Fuera de la docencia ¿quizás conocen el mundo juvenil por lo que viven con sus hijos y familiares, o por lo que los medios les cuentan basados en estadísticas?

Tener un hijo con edad aproximada a mis compañeros también es una oportunidad para observar desde dentro su entorno, en el que vivirá en unos años cuando llegue a la Universidad y comparar si realmente somos tan distintos de lo que son nuestros hijos, o realmente hemos cambiado tanto que no recordamos apenas como éramos a su edad.

Al ver la evolución de cada uno de ellos desde el inicio de la carrera. Pocos supieron madurar y hacer de su profesión una forma de vida. Otros ya se mostraban excelentes, buenos compañeros de trabajo, cumplidores, responsables, y cada vez creo que no es una coincidencia, buenos alumnos con excelentes calificaciones.

Más del 50% sentían que estaban allí por obligación, que aquello era un proceso y poco expresaban en su actitud y aptitud interés por lo que allí se decía o hacía. Un porcentaje que además odia cuando el profesor califica al 30% la asignatura con preguntas razonadas o reflexivas, e incluso suspenden aunque la asignatura sea 100% práctica (lo cual es una suerte, por la practicidad, la comodidad y la efectividad). Inclusive sabiendo que la asistencia podría representar en ciertas asignaturas un porcentaje extra en la evaluación final, poco o nada se les veía por clase.

En aquel pequeño discurso que hicimos frente a la profesora, algunos de ellos mintieron. Ni amaban la profesión ni tenían interés ninguno realmente, estudian porque todos lo hacen, por que sus padres le obligan y/o porque está bien visto estudiar en la universidad. No se les veía por clase en la mayoría de los días y los trabajos en grupo no existían, ya que no participaban y son los que esperaban apuntarse el tanto a costa del trabajo ajeno.

Hay un tercer factor que tengo en cuenta para configurar mi opinión. El aspecto formal de mi conocimiento se basa en la investigación resultado de la Tesina fin de grado (“La información en los jóvenes de la Generación Digital”). La primera parte reconozco que fue emocionante, indagar y conocer aspectos de la Generación Digital contrastando datos y accediendo a fuentes que en cualquier rutina diaria jamás alcanzaría, ni yo ni ninguno de nosotros. Para expresar mis conclusiones debería dedicar al menos tres o cuatro artículos, cada uno de ellos enfocados a un aspecto de la juventud, su motivación, los sentimientos sociales, el interés por la información, cómo se informan y finalmente qué credibilidad poseen los medios para este grupo de población.

¿Estoy condenando a estos malos estudiantes (y compañeros)?

Absolutamente NO, pero su tiempo de madurez aún no ha llegado. Se llevarán el título a casa pero no están preparados, por el simple hecho de que en el mundo laboral hay que ser constantes, responsables, trabajar en equipo, respetar a tus compañeros y valorar su trabajo y empeño, y principalmente, continuar aprendiendo. Quizás buscan un trabajo mecánico y sistematico que no les haga pensar, ni relacionarse con los demás y trabajar en equipo, sí, ese trabajo que está en vías de extinción en muchas ramas y que prácticamente no existe en Comunicación. Y algunos tardarán más y otros menos. Posiblemente en función de lo dura que sea la vida y lo que su entorno les exija, o por las buenas o por las malas.

Sin creer que tengo el poder para desvelar el secreto,y sin querer parecer lo que algunos llaman de prepotencia, el aspecto clave es:

¿La Universidad nos prepara para la vida real?

Según las estadísticas, no. Esta es la respuesta que muchos no quieren escuchar. Se ha suprimido de nuestro sistema productivo algo tan enraizado como el hecho de que “un título garantiza un puesto bien remunerado y estable”. Así era cuando mi abuelo y mi padre eran jóvenes. Hoy por hoy no funciona esta condición.

¿Y ahora qué?

Ojalá lo supiéramos. Sin embargo debemos sentirnos afortunados por vivir tiempos de cambios, donde la creatividad se valora más que nunca en la historia, poseemos más herramientas y libertad para imaginar o proyectar una idea. Ser participes de este cambio de paradigma asusta un poco, lo tengo que reconocer, y a su vez es emocionante. Apuesto por confiar en nuestro poder de inventiva, creatividad y ser capaces de aportar al mundo que nos rodea un valor añadido y que se pueda pagar, si es posible bien y que sea suficientes para poder continuar trabajando en aquello que amamos.

 

PD: Las estadísticas se basan en conclusiones elaboradas a través de complejos sistemas teniendo en cuenta muestras de la sociedad. Está claro, que mi muestra se encuentra muy limitada, por el aspecto geográfico, aunque convivían jóvenes de distintas poblaciones y provincias y principalmente por ser una muestra limitada a una promoción determinada (pese a los escarceos y conversaciones con compañeros de cursos superiores o inferiores). Sin embargo, me atrevo a opinar y valorar aspectos de la juventud sin autodenominarme experta, aunque si con unas perspectivas mayores que la media de mi entorno.

Y soy más valiente si cabe a la hora de opinar, lo que aportó a mi conocimiento la Tesina final de curso, “La información en los jóvenes de la Generación Digital”. Una generación que se engloba entre los 14 y los 24 años y que es básicamente el mundo que me rodeaba, tanto a nivel familiar como a nivel productivo (la Universidad). La investigación me aportó claves importantes, abrió el campo de conocimiento que poseía hasta entonces y reconozco que mis compañeros comenzaron a ser analizados como parte del target al que me dirigía. La creación de un grupo de Whatsapp junto con mi hijo mayor de 18 años, su pareja y mi ahijada de 16 me relacionó además con sus grupos de clase, compañeros y amigos, de manera que a cada dato o cuestión que necesitara pasaría previamente por un filtro real y personal, lejos de la frialdad de datos como el INE, INJUVE o EGM.

 

 

6 Comments

  1. Como siempre Lola, nos dejas pensando. Mi hija está en el mismo curso, con 22 años, 3 idiomas, y se hace la misma pregunta. Ahora qué hago? Respuesta más socorrida.” Haz un master” es decir, haz algo que retrase el tiempo de decidir.
    Generación mejor preparada o más titulada? Yo abogo por lo segundo, pues la universidad, la que yo veo desde la distancia no tan larga, está llena de gente que, lastrando al resto, está alli, para pasar el rato, reirse y ridiculizar a los que van a clase y aprueban curso por año. Esos son los ” jodios empollones” o los lame… de los profesores a los que invariablemente critican. Por no hablar de los revolucionarios salvapatrias, que encuentran en la universidad, su caldo decultivo ideal, y un auditorio formidable paraesparcir su ideario, que invariablemente, pasa por hacer huelga. No huelga de trabajar más, no. Huelga de no ir a clase, de anular exámenes, saltar prácticas etc. Esos, no terminan nunca la carrera, no es su objetivo.
    Alguna vez se le ocurrirá a alguien proponer una huelga a la japonesa?

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    1. Así es Isabel, muy bien descrito! Sobre la politización de las Universidades, ya necesitaría otro artículo concreto. Por otro lado, el sistema iguala y nivela a los alumnos independientemente de sus actitudes. No son valorados ciertos aspectos a posteriori a la hora de conseguir un empleo una vez finalizados los estudios. ¿Por qué no se premia a los mejores? ¿Qué diferencia existe después entre los alumnos que terminaron la carrera con buenas calificaciones y en su año correcto en relación a los que tardan el doble y pasan raspados? Hablan de los jóvenes como si fueran una masa uniforme y homogénea y no es así. Es triste ver tanto talento y esfuerzo menospreciado. No perciben que al igualarlos los desmotivan. No, no son todos iguales y no están preparados de la misma forma y se está desperdiciando talento.

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