Como de vez en cuando me da por protestar, ahí va mi post de hoy:

Cada vez más profesionales dedicados a la consultoría de empresas con los que hablo me comentan cómo se tropiezan con el gran paradigma que sufre (y digo sufre) el ámbito empresarial independientemente del sector. Los comentarios son unánimes independientemente de la procedencia.

El salto hacia al cambio de modelo irremediable e imprescindible empresarial para la digitalización, que comienza con un cambio de cultura para finalizar en ofrecer a los clientes mejores experiencias (y por tanto hacerlas más productivas y competitivas) choca de lleno y enfrenta a dos generaciones que están condenadas a no entenderse. La generación de los nacidos en los 50 y me atrevo a decir hasta la primera mitad de los 60 (y están a punto de jubilarse o prejubilarse) y la generación de sus hijos, los Millenials.

Los Millenials

Mucho se escribe sobre millenials, miles de estudios analizan su comportamiento como consumidores y empleados, como provocadores del cambio. Sin embargo, pocos de los directivos y propietarios de empresas que deben emplearlos están dispuestos a aceptar que su modelo de negocio debe cambiar, que la estructura de la empresa debe evolucionar y en definitiva que la Transformación Digital ya ha llegado y sólo sobrevivirán los que se adapten mejor a ese cambio.

Pese a que hablar de generaciones, como si todos los nacidos en esta u otra fecha seamos iguales (casi como en el horóscopo) si es cierto que hace mucho se estudian los comportamientos sociales y coincidencias que definen a grupos de población según su contexto histórico. Si deseáis saber más, en el estudio que realicé un par de años atrás sobre generación Digital lo resumo.

Pues bien, entre ambas generaciones estamos la llamada X, o también conocida como babyboom (y el nombre significa eso mismo, somos muchísimos) y no es una generación cualquiera. A finales de los 60 y durante los 70 nacieron en España más niños que nunca. ¿Qué significa este dato que parece pasar desapercibido? Que hay una tremenda población entre los 40 y 55 años.

Dirían hoy que nos “apiñábamos” en clases de 42 alumnos, en las universidades asistíamos a clase sentados en el suelo y el servicio militar no daba a bastos creando los cupos de excelencia hasta que definitivamente se eliminó su obligatoriedad.

La generación ignorada, olvidada

Y le voy a denominar la generación olvidada o generación ignorada.
¿Porqué olvidada?
Porque es la generación más ignorada por los gobiernos, por las empresas y por los analistas de mercado y los formadores de opinión.

Para comenzar se legisla para fomentar el emprendendimiento o auto empleo a menores de 30 años cómo puede verse en la última reforma de la ley de autónomos. Me encanta que así sea. Para madres que acaban de tener hijos también.

Sin embargo, ¿y si tienes más de 30, y si tu hijo tiene 10, 15, 20? ¿No tienes derecho a emprender con las mismas condiciones? ¿No deberías tener ventajas al soportar mayores cargas familiares? ¿Y los autónomos que llevan años y llegan a fin de mes con dificultad?¿Quién paga la casa, la hipoteca o el alquiler, en definitiva las facturas? Comprendo que los padres de los chicos de 30 estén deseando que se independicen, pero también los padres de los hijos dependientes estamos deseando poder pagar las facturas todos los meses.

A la hora de ser empleados por cuenta ajena, además de ventajas fiscales exclusivas y discriminatorias, parece que la prioridad está de nuevo en jóvenes y que nos “venden” como trabajadores muy preparados para la tecnología. Un mito. Solo tienen que ver las estadísticas. El porcentaje de edades y uso de la tecnología es prácticamente el mismo. La variación en el uso de las tecnologías en una franja de 30 años (desde los 24 hasta los 54) es de un 10%. Vamos, que no es para tanto.

Fuente: ine.es

Por otro lado respecto a la actividad en RRSS la diferencia entre las edades no es significativa hasta edades más avanzadas.

Meter en el mismo paquete a los que teníamos 20 años cuando llegó internet a nuestros padres o mayores de 60 años es muy llamativo. De dónde han llegado a tan sabía conclusión e incluirnos en el mismo paquete desde los 46 a los 65? Y que me disculpen los analistas, pero me parece información poco coherente con la realidad.

Usuarios de redes sociales por edades

Manejar datos para que salga lo que quiero es una práctica muy habitual especialmente cuando se busca lo que se quiere ver.

¿Qué podemos hacer?

La generación ignorada/olvidada somos los padres de la generación Digital, de aquellos chicos y chicas que prácticamente (si sus padres lo permiten) usan las tecnologías al 100% y que estamos educándo para que se preparen para el futuro tecnólogico y que su uso sea el más correcto posible.

Somos los que que más sufrimos la crisis en nuestra mediana edad, ¿cómo puede obviarse la generación que vivió, aprendió y generó la mayoría de los avances en telecomunicaciones, informática y tecnología?

Las grandes tecnológicas han crecido gracias a nosotros, los primeros usuarios a emplear internet aunque era difícil y carísimo, cualquier aplicación social o a utilizar Amazon para nuestras compras o la banca online por poner ejemplos.

Nos encontramos entre los millenials y sus padres que desean y deseamos acceder a un mercado de trabajo que necesita creatividad e innovación. Un mercado de trabajo que necesita nuestra experiencia y ejercer actividades para las cuales en muchos casos los más jóvenes no están preparados aún por su falta de experiencia.

Para hacer una conversión en una empresa es necesario filtrar lo bueno y positivo del modelo anterior y transformarlo en algo útil, productivo y competitivo en la actualidad.

Pues este enfrentamiento viejo – nuevo está presente en la mayor parte de las conversaciones entre empresarios, empleados y consultores. Cada día cierran empresas y ya no tanto por la crisis. Aún sin tener datos estadísticos, ya que también suelen ser motivos bastante personales por cierto, en la intimidad todos hemos conocido casos en los que la división interna y la falta de consenso sobre la adaptación al cambio provoca el el cierre y despidos de trabajadores cada día en todas las ciudades españolas.

Todo esto sucede por la simple razón de que la generación de los padres de millenials, los que ahora forman la mayor parte del tejido directivo o propietarios de pymes se niegan a asumir que en su día no aceptaron la tecnología como una forma de vida y que ahora es imprescindible para mejorar la productividad del negocio.

Algo que la generación X asumió desde el principio y usamos las tecnologías durante toda su evolución. Recordemos que internet irrumpió cuando la mayoría rondaba los 20 años, es decir aún jóvenes y deseosos de aprender todo lo nuevo. Y aquellos que no quisieron no les queda más remedio que aprender para adaptarse a las nuevas costumbres de ocio y aprendizaje de sus hijos.

La clasificación por generaciones es algo que suele irritarnos más de lo que se piensa. No es cierto que un joven de treinta y tantos sepa mejor cómo utilizar la tecnología que uno de cuarenta y tantos. De hecho hay millenials bastante más analógicos que muchos de la generación anterior. Digan lo que digan las estadísticas.

Conocemos el mundo empresarial anterior y conocemos el actual y si, promovemos el futuro desde hace más de 20 años. Nos hicimos mayores con un modem y pagando por las llamadas locales cuando irrumpían en nuestras vidas los móviles, los teléfonos inteligentes, y las smart tv y la tarifa plana.
Nos relacionamos por el messenger y los foros de MSN antes de que existieran Facebook o Twitter y somos los mayores usuarios de redes sociales, de todas.

Hemos madurado junto a los avances tecnológicos, unos hemos aprendido más y otros menos, pero lo que si es cierto es que el cambio y como dice un amigo, la palanca del cambio está en nuestras manos.

Los jóvenes no tienen experiencia, lo cual aterroriza a los directivos analógicos y nadie de la opinión pública se plantea qué pintamos la generación intermedia en todo esto. Pues mucho, tenemos experiencias, conocemos lo viejo y lo nuevo y lo repito en nombre de todos, sin cambio habrá fracaso.

Comunicación

Hace tiempo que no escribo para mí.

El trabajo lo ocupa todo, días, noches y hasta sueños. El trabajo al que he decidido ocuparme dando lo que puedo y lo que sé.

Ahora ya no veo problemas propios ni generales, ya no observo todo lo que antes podía dedicarle tiempo. Al menos no tanto…

Ahora me ocupo de problemas concretos, problemas que son importantes para aquellos que lo padecen y que no saben cómo resolverlos. Pequeñas empresas y autónomos que no comprenden qué están haciendo para perder clientes, que ven cómo su trabajo cada vez es más escaso. El mundo ha cambiado.

Puede compararse al sentimiento de muchos divorciados cuando “salen al mundo” y perciben que nada es igual que antes. Voy a tratar de explicarlo.

La mayoría de los problemas que encuentro son resumibles en varios puntos:

Falta de información o quizás es el exceso de ella, ya que es complicado discriminar cuál es útil y cuál no. Falta de confianza en las herramientas que pueden ayudarles, y por último algo que cada día es más frecuente, la falta conciencia de que el mundo ha cambiado.

Este último punto es bastante preocupante, hay una brecha considerable entre aquellos que aún viven 25 años atrás, los que intentan asimilar qué existe ahora y los más afortunados, aquellos que construyen el futuro transformando el presente.

La diferencia entre unos y otros no se encuentra en la edad, ni en la formación que han recibido, está principalmente en la capacidad de creer ciegamente que están aquí con un objetivo claro y emplean todos los medios para lograrlo. Confían en sí mismos para contribuir junto a otros en ese cambio necesario, imprescindible y que conduce a la mejora en la vida de todos.

¿Vamos a resolver problemas?, vamos a contar cómo lo hacemos y porqué, cuál es el motor que nos impulsa a creer que es posible, que nuestra contribución dejara detrás de nuestra intervención un mundo mejor, más fácil, sencillo y cómodo para todos.

Vamos a contar cómo esa idea genial es distinta a otras, los matices que hemos encontrado y que otros no.

Vamos a contar que para cada tipo de persona hay un tipo de solución y nosotros encajamos en su forma de ver el mundo y resolver sus problemas.

Vamos a hacer a todos partícipes, ¿es lo que queremos?

Vamos a contar qué hacemos, cómo lo hacemos y el porqué. Hoy es más sencillo que nunca. Solo hay que querer.