imageY por fin el motor arranca. Atrás quedaban las calles y el tráfico, la ciudad, los pueblos, los campos secos y áridos que lamentan la falta de lluvias durante todo el verano. El cielo no es azul, tan sólo del celeste claro de los días calurosos de Septiembre. A medida que el paisaje va quedando atrás, la mente se vacía de todo lo que preocupa, ya no hay nada. No existen los problemas de repente, todos los sentimientos han sido sustituidos por tan sólo uno, la esperanza de encontrar algo al final del camino.

En cada kilómetro que avanzaba, una sensación agradable de libertad se instalaba en todo su cuerpo y su mente. Hay que volver a escribir letra a letra, una nueva vida, con mimo y cuidado, para no perder así la sensación que sentía.

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000013     Con la mochila acuestas llegaron aquella mañana a la triste estación de autobuses. Y digo triste, porque excepto algunas estaciones de ciudades importantes, la mayoría de ellas son sucias, y horribles, dándole al viaje un carácter algo deprimente.

Todo lo contrario a una amplia estación de tren, con su romanticismo, donde ves el horizonte marcar los primeros metros del viaje, puedes soñar con una simple mirada y transportarte por la perspectiva de sus vías estrechándole entre si… O la sofisticación de los aeropuertos, inmensos, grandiosos, impecables y ya a las afueras de la ciudad, al menos en el llamado primer mundo. (más…)