A veces es como un susurro que aparece y desaparece. Has intentando y conseguido siempre sonreír pese a todas las dificultades que se han cruzado en tu camino.

A veces, cuando estás a solas recuperas el aliento, tomas aire y resoplas para expulsar todos los recuerdos negativos, todo aquello que hirió, y que sin remedio reaparece. Y vuelves a sonreír.

Esa sonrisa que a veces es interpretada como inocencia, simpleza, vacío, superficialidad o tan solo como una falta de seriedad en realidad esconde mucho más sufrimiento que aquellos que la contemplan podrían jamás soportar o ni siquiera imaginar.

Interpretaciones que no reflejan más que los sentimientos del que observa y no del observado. Una amplia sonrisa puede ser, y la mayoría de las veces es, un escudo, el resultado de un entrenamiento duro ante las adversidades. Significa tantas cosas, la prueba superada, la única salida para continuar adelante, la victoria interior, el agradecimiento por sobrevivir, por el simple hecho de estar, de existir.

Las personas que conozco y que más sonríen son aquellas que al conocerlas bien comprendes que han sufrido, sobre todo en silencio y son capaces de sonreír ampliamente, porque así lo han aprendido, tan solo por tener la oportunidad de abrir los ojos cada mañana y tener fuerzas para levantar de la cama.

Es tan fácil de interpretarla cuando los signos físicos del sufrimiento son obvios y tan difícil cuando “aparentemente” todo es normal y sin embargo está ahí, en su interior, sin abandonarles jamás aunque pertenezca al presente o al pasado y nunca quieran pensar en ello.

Es esa sonrisa que agradece cada segundo de la vida, pase lo que pase, pase quien pase. La visten aquellas personas que han aprendido y conocido sus límites, a alejarse de aquello que les duele, porque bastante dolor han encontrado sin buscarlo. Es la prueba de una dura lección aprendida.

Es esa sonrisa que muestra cada segundo la alegría interior de haber superado sus miedos, de haber librado duras batallas a solas, de saberse victorioso, superviviente. De saberse inrrompibles tras superar lo imposible, de ser protagonistas de sus propios milagros.

Es esa sonrisa que para tantos es inexplicable ante la enfermedad, ante la necesidad, ante la carencia de prácticamente todo. Y créanme, existe.

Existe si hay a quien sonreír, a quien abrazar, si hay quienes aprecien cada gesto, cada mirada cómplice que te diga “Sé porque sonríes, sé quién eres”.

PD: Dicen, y ellos son la prueba, que la actitud es capaz de modificar la realidad que te rodea, al menos la percepción sobre ella, y gracias a la sonrisa eres y serás capaz de crear y recrear un mundo mejor para ti y los que te rodean. Solo por existir.

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Es quizás por él y no por mí, es quizás por ellos que cada día lo intento, que no me rindo y digo basta ya. Es posible que hasta sea un intento de llenar un vacío que cargué sobre mí casi toda la vida. Es por sentirme, en mi esencia y en lo que sé que SOY. Puede hasta que un día descubra qué me empuja, y qué no me permite tirar la toalla. Es posible que todo sea tan solo una excusa, y que intente buscar razones para impulsarme y continuar. (más…)

El camión de la mudanza llegó. Allí está todo lo que le queda, casi setenta años de historia sobre esas ruedas. María es una viuda sin viudedad. Se siente algo más tranquila aunque nunca había imaginado que seria de esta forma. El embargo de su casa, ocho mudanzas, y ya no recuerda cuantos trabajos deja atrás. Es una veterana en esto de sobrevivir a las crisis. Y hablo en plural, porque es hija de la postguerra, porque cuando se casó existían leyes según las cuales las mujeres no eran dueñas de su nombre para abrir una cuenta corriente, o disponer de la herencia de sus padres, unos padres que (más…)