Violencia familiar

“Si acostumbras al niño a recibir humillaciones, aprenderá que es el comportamiento social normal, habitual y jamás se revelará contra ello, convirtiéndose inexorablemente o bien en víctima o bien en maltratador”.

Hoy traigo una historia, muy resumida, de la que puedo sacar algunas conclusiones, sin embargo prefiero realmente que cada uno lo interprete según su criterio. Tan solo narro la historia de una de ellas, la que tuvo un final feliz.

Tiene apenas siete años, estas Navidades le han regalado una pizarra, con sus tizas y borrador para dibujar, hacer los deberes… Observa detenidamente la fotografía de aquel momento frente a ella sin entender el porqué su padre o madre inmortalizó ese instante precisamente. En su cara ya no se contemplaba la viveza de los ojos, la sonrisa o los pómulos regordetes de unos años antes.

Había comenzado el infierno, quizás había comenzado a recordar que vivía en él. Frente a una pizarra con restas, y con los gestos temerosos, es quizás el primer día que recuerda de su infancia. Recuerda haber pasado más de dos horas frente a la dichosa cuenta incapaz de resolverla, recibiendo en vez de lecciones insultos respecto a su capacidad intelectual o quizás la similitud con determinados animales. Comenzaron los recuerdos a partir de aquel día de los castigos, insultos y humillaciones que no cesarían a lo largo de su vida. Realmente se vivía mejor cuando tan sólo podía reconocer lo que había sucedido 10 minutos antes, y es quizás por lo que aquello de tomar una píldora para olvidar le parezca tan buena idea.

 Por aquellos entonces nadie protegía a los niños y adolescentes del maltrato de sus padres, y estos se creían con poder absoluto sobre la vida de sus hijos.

Aquella niña no volvió a tener la misma sonrisa, ni brillo en los ojos, hasta el cabello cambió de forma y textura, la depresión sería una constante y tan sólo encontraba momentos de respiro cuando su adorada tata se quedaba con ella a dormir los días que sus padres salían a cenar fuera, o cuando sus abuelos se la llevaban a la playa algunos días durante las vacaciones.

En el colegio era presa fácil. La adolescencia, sólo empeoro las cosas, sufrió una gran depresión de varios años, lloraba desconsolada en su habitación, se encerraba en el baño con sus hermanas, el único lugar donde por algún motivo misterioso y sin explicación no las molestaban. Castigos físicos y verbales, humillaciones se repetían sin cesar. Levantadas de la cama durante los fines de semana para limpiar la casa cuando sus padres regresaban a las tres de la madrugada, castigos sin salir a la calle por faltar algún cubierto en la mesa o cara a la pared a los 16 años. A decir verdad, lo peor eran los insultos, las humillaciones, la falta total de afecto, cariño, amor. No recuerda haber dicho nunca a sus padres un “te quiero”, ni ella, ni sus hermanas.

La carga en casa y la responsabilidad exageradas ya que al ser la mayor de cuatro y al morir la tata era ella la encargada de las cenas y cuidar a los pequeños mientras los padres salían a cenar fuera varias veces por semana.

No olvida los cientos de bocadillos que tuvo que comer, porque no había listo nada para almorzar, y más de lo mismo para cenar.

En los estudios siempre iba a trompicones, su sueño era poder ir a un internado, pensaba que de esa forma tendría alguna posibilidad lejos de aquel infierno. Sin ser el internado deseado consiguió entre en un nuevo colegio donde pasaba doce horas y que incluía horarios de estudio. Y fue la tranquilidad de poder estudiar fuera de casa sin interrupciones ni peleas lo que le hizo no sólo aprobar todo, sino conseguir las mejores notas de la clase y un premio como mejor alumna.

Sin embargo los años eran eternos, siempre soñó con emanciparse y marcharse al lugar más lejano que existiese de ellos. Eran las conversaciones de cuarto de baño que se repitan entre las hermanas. La pequeña, se marchó a los 16, pero eso es otra historia. Una noche de San Valentín, dos días después de que su novio la dejase por otra y con 24 años, recibió las últimas humillaciones de su madre y de su padre, la última paliza. Después de aquello buscó un amigo para encontrar un lugar para pasar la noche y se marchó de casa abandonando la universidad, los pocos sueños que tenía y aquel infierno.

Su único referente de amor era el de los abuelos y la tata, y es quizás la razón por la que se casó con un maltratador, prolongando así su infierno. Fueron diez años más, luchando por no vivir el mismo caos, creyendo las palabras de disculpas del maltratador, una y otra vez e intentando formar un hogar feliz para su hijo pequeño. Fue el trato recibido por parte del padre al pequeño lo que le hizo reaccionar.

Ella se veía reflejada en el chico, comenzó a revivir su infancia en él y eso era algo que no podía tolerar. Decidió emprender el camino sola junto a su hijo de seis años y aunque suponía mayores dificultades y un esfuerzo económico, conseguiría formar la familia feliz que tanto había deseado.

Algunos años después, tras repasar su vida, analizar los errores, las pésimas decisiones y peores compañías, comprendió todo mejor, y encontró la paz, la felicidad y la armonía. Se prometía una y otra vez no repetir los patrones, algo complicado pero posible gracias a lo que había aprendido de los demás. No puede repetirse y el amor por sus hijos es la fuerza para lograrlo.

Historias como estas se repiten constantemente. Tampoco es que tengamos referencias sobre el respeto precisamente. Si bien algunas veces me pregunto sobre la necesidad de educar y concienciar a la sociedad sobre ello. El respeto al prójimo es la base de la No Violencia en cualquier aspecto de la vida y especialmente el respeto hacia sí mismo.

No todos nacen en igualdad de condiciones para valorarse y respetarse, en mi opinión, es la base de toda convivencia.

Rodrigo Ruben Valenzuela Domínguez, y su mentor, Tony Buzan, son los autores del mapa de la felicidad de la felicidad
Mapa: Rodrigo Ruben Valenzuela, Tony Buzan

Es tremendamente difícil escribir cuando estas feliz, solamente sientes la necesidad de aspirar el aire y recuperar el aliento que faltó durante tanto tiempo sin apenas percibirlo.

Es complicado describirlo cuando se ha sentido por tan breves momentos en la vida, que en ocasiones, tan solo eran un suspiro. En cambio en  otras, se prolonga durante días, semanas, meses…

Poco se escribe sobre la sensación de felicidad, es tan rara… tan fugaz… Se relaciona con el éxito, el amor, la prosperidad… En cambio conocemos quien todo lo posee y no la alcanza, hay algo más, ¿cómo describir la felicidad?

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