Eso es, descubrir qué situación estás viviendo, o de quiénes te estás rodeando puede ser clave para tu salud emocional, tu energía vital o tu impulso profesional.

Si tu entorno no valora, aprecia o comprende aquello que haces tengo que darte una mala noticia y otra buena. La mala es que estás en el lugar equivocado. Puede hasta que tengas el enemigo tan cerca que ni lo percibes. La buena es que puedes salir de ahí y que lo debes hacer lo antes posible. Corre y no mires atrás.

 Rendirse es una opción que pocos pueden permitirse

No se trata de buscar solo reconocimiento, ni de que te rodees de aduladores o “palmeros” como decimos por aquí. Simplemente estás en un círculo que no te aporta, y no es porque tú no lo valgas, que sabes que si. Cuando estás en un agujero negro es muy fácil de reconocer. Te sientes como  si no sirvieras, que no eres lo suficientemente bueno o simplemente que tienes que cambiar algo en tu vida pero no sabes qué, ni por dónde comenzar.

Además es tremendamente difícil percibirlo y salir. Necesitas un detonante normalmente, una especie de explosión emocional, claustrofobia mental y ansiedad. Cuando explotas, revientas, gritas o lloras y antes de que te de tiempo a reaccionar con una solución, aquellos que se encuentran formando tu agujero negro insistirán que el problema es tuyo, que debes tener otra actitud e intentarán convencerte con argumentos siempre haciendote sentir responsable de algún “trauma” tuyo para que no los dejes jamás.

Mi humilde consejo y la buena noticia. No les hagas caso, confía en lo que sientes y busca el camino de salida. Lo identificarás imaginándote que ya vives en la situación que buscas y que te hará sentir cómo el aire atraviesa tus pulmones y alcanza el estomago. Inmediatamente la sonrisa regresará, la confianza en ti mismo, sentirás tu potencial y te visualizarás alcanzando tus metas. Y te parecerá un sueño, pero es así como se consigue, viéndolo y sabiendo que es posible, sé que puedes convertirlo en realidad.

Una vez pruebes la sensación no querrás mirar atrás. (Y no sirve hacer trampas pensando en una lotería).

Si por fin te decides a salir encontrarás las puertas que necesitas abrir para potenciarte, hacer y deshacer, demostrar lo que vales y de aquello que eres capaz. Ni mucho menos estarán las puertas abiertas esperándote pero encontrarás el apoyo y la forma de abrirlas y con ello el camino hacia tu meta.

Decídete y sal de allí si te ahogas, si te sientes solo, si crees que eres demasiado raro, no te conformes, cambiar de planes es quizás todo lo que estabas necesitando. Hay otros “raros” que estarán deseando conocerte.

 

A veces es como un susurro que aparece y desaparece. Has intentando y conseguido siempre sonreír pese a todas las dificultades que se han cruzado en tu camino.

A veces, cuando estás a solas recuperas el aliento, tomas aire y resoplas para expulsar todos los recuerdos negativos, todo aquello que hirió, y que sin remedio reaparece. Y vuelves a sonreír.

Esa sonrisa que a veces es interpretada como inocencia, simpleza, vacío, superficialidad o tan solo como una falta de seriedad en realidad esconde mucho más sufrimiento que aquellos que la contemplan podrían jamás soportar o ni siquiera imaginar.

Interpretaciones que no reflejan más que los sentimientos del que observa y no del observado. Una amplia sonrisa puede ser, y la mayoría de las veces es, un escudo, el resultado de un entrenamiento duro ante las adversidades. Significa tantas cosas, la prueba superada, la única salida para continuar adelante, la victoria interior, el agradecimiento por sobrevivir, por el simple hecho de estar, de existir.

Las personas que conozco y que más sonríen son aquellas que al conocerlas bien comprendes que han sufrido, sobre todo en silencio y son capaces de sonreír ampliamente, porque así lo han aprendido, tan solo por tener la oportunidad de abrir los ojos cada mañana y tener fuerzas para levantar de la cama.

Es tan fácil de interpretarla cuando los signos físicos del sufrimiento son obvios y tan difícil cuando “aparentemente” todo es normal y sin embargo está ahí, en su interior, sin abandonarles jamás aunque pertenezca al presente o al pasado y nunca quieran pensar en ello.

Es esa sonrisa que agradece cada segundo de la vida, pase lo que pase, pase quien pase. La visten aquellas personas que han aprendido y conocido sus límites, a alejarse de aquello que les duele, porque bastante dolor han encontrado sin buscarlo. Es la prueba de una dura lección aprendida.

Es esa sonrisa que muestra cada segundo la alegría interior de haber superado sus miedos, de haber librado duras batallas a solas, de saberse victorioso, superviviente. De saberse inrrompibles tras superar lo imposible, de ser protagonistas de sus propios milagros.

Es esa sonrisa que para tantos es inexplicable ante la enfermedad, ante la necesidad, ante la carencia de prácticamente todo. Y créanme, existe.

Existe si hay a quien sonreír, a quien abrazar, si hay quienes aprecien cada gesto, cada mirada cómplice que te diga “Sé porque sonríes, sé quién eres”.

PD: Dicen, y ellos son la prueba, que la actitud es capaz de modificar la realidad que te rodea, al menos la percepción sobre ella, y gracias a la sonrisa eres y serás capaz de crear y recrear un mundo mejor para ti y los que te rodean. Solo por existir.

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Escribir porque alivia, diseñar porque evade, imaginar y crear porque conecta. Todo comunica.

Las palabras tienen magia, se combinan creando ideas, ordenan pensamientos que luchan por salir de su celda. Expresan siempre un yo que necesita compartir, reafirmarse y demostrar que existen.

Son como notas musicales, como los trazos sobre un lienzo que se definen poco a poco y plasman nuestro interior.

Las palabras nunca deberían herir ni maltratar, solo aliviar.

Lola Cebolla Lolalandia

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Pueden ocultar sus problemas en los defectos o virtudes de los demás. Pueden continuar engañándose a sí mismos con claras convicciones.
El autoengaño hace infeliz al autor y a los que les rodean. Provoca injusticias y desordenan el mundo que tocan.
De nada sirve proclamar y gritar lo que quieren ser o anhelan si en el fondo, cuando sus deseos se conviertan en realidad les sumirán en una profunda insatisfacción sin derecho a replica.

El autoengaño tan solo es útil en cierta medida para aquellos niños que tienen que justificar torpezas o travesuras por miedo a un castigo o reprimenda.

En el mundo adulto es ineficaz e inútil para ser asumidos y aceptados por aquello que no son realmente.

A veces me surge la duda si es miedo a la soledad, falta de autocrítica, de autoestima o quizá es simplemente sentirse parte de “algo”. Algo que no es del todo…

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Siento predilección por todo aquello inusual.

Adoro la lluvia en agosto, la playa en otoño, los besos y abrazos imprevisibles y las llamadas de amigos repentinas. Una mirada cómplice sin palabras, un gesto espontáneo. Adoro aquel detalle que ni siquiera pido ni espero.

Detesto todos aquellos “hola como estás” sin intención de conocer la realidad, o esos “a ver si nos vemos” que nunca se materializan. Detesto tanto los tópicos que me niego a utilizarlos. Aquellos que sirven como excusa para quedar bien con quien no te importa y que ignoran a quien sabes que allí estará siempre. Todas las frases hechas que no contienen ni un ápice de emoción y dejan indiferente a quien las pronuncia y decepcionado a quien las escucha.

Prefiero todas aquellas personas que se sinceran en cada movimiento, palabra o gesto. Que valoran lo importante que es para sus vidas quienes tienen delante, para bien o para mal. Que no escurren el bulto tomando como recurso los esquemas predeterminados y se enfrentan a aquello que les motiva de la misma forma que aquello que les incomoda. Sin pelos en la lengua, resolviendo sus conflictos y problemas de frente.

Aquellos que sabes perfectamente cuando estás cubriendo sus expectativas y cuando les estás decepcionado, porque con ellos se aprende, se mejora y se crece. Porque no hay mejor forma de desprecio, que la indiferencia.

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Dedicado a Alex. Nada es fácil, pero todo se aprende.

Si no tienes un reto, un sueño y un objetivo te estás alejando de la felicidad.

Si no los tienes, el vacío irá ocupando el lugar de las horas desperdiciadas, poco a poco te convertirás en “la nada” más absoluta sin comprender cómo has llegado hasta ahí. Los sueños sirven para ello, realmente la intención no es convertirlos en una realidad, su misión se ajusta más a que la realidad se transforme en un supuesto presente mejor que el actual.

Tener un objetivo en sintonía con tus sueños te enfrenta al reto de trabajar día a día por conseguirlo. Sin contemplaciones, sin que nada ni nadie te detenga para alcanzarlo. Un fracaso solo sirve para cambiar de estrategia, para modelar el sueño e incluso para hacerte ver qué dirección tomar para alcanzarlo.

El fracaso te pone a prueba, si realmente lo deseas será imposible detenerte.

Todo es un proceso, que tengas un sueño no significa que llegues hasta allí impulsado milagrosamente sin haber cumplido todas las fases, todas las etapas. Las dificultades te ponen a prueba, si eres capaz de superarlas posiblemente vas en la buena dirección y realmente estás luchando por conseguir aquello que tú (y no otros) realmente deseas.

Endulza siempre tus sueños con un objetivo que sea mejorar a tu entorno, que sea necesario que tú estés presente, que te reconforte y te haga sentir en cada instante tu propia identidad. Eres tú mismo en esencia participando todo el tiempo, interactúando con la realidad e impregnándolo todo con la energía que te impulsa día a día.

No te alejes de quién eres realmente, respetar tu identidad hará que el camino sea más sencillo. Te predispone a caminar hacia tu objetivo con alegría, felicidad, plenitud y cumplir su misión principal, levantarte cada mañana con ilusión, observar tu día a día como un mar de oportunidades. Cuando descanses al final de cada jornada podrás sentirte satisfecho por haber logrado estar más cerca de tus sueños y haberlo dado todo por ello. Podrás seguir alimentado tu sueño y crear muchos más.

La confianza en ti mismo ocupará el lugar de “la nada”, pues ya no existirán horas vacías que permitan “a la nada” invadir tu espacio.

Llena tu vida de sueños, de objetivos y retos, trabaja y lucha por ellos cada día, cada instante.

Nada podrá salir mal, pues cuando te des cuenta habrás tenido una vida plena, aunque no hayas conseguido tus sueños.

Maravillosa imagen de @ChristoDagorov
Maravillosa imagen de @ChristoDagorov

El rencor, el pasado, el olvido, la reconciliación, el deseo de crecer, de continuar, la necesidad de explorar, la curiosidad, vivir…

Sentir la vida cuando conoces lo que es perderla, cuando el final te ha mirado de frente, cuando has sentido de cerca su aliento susurrándote al oído, imponiendo tu rendición.

¿Qué dejarás de hacer? ¿Qué tacharás de la lista de sueños, de momentos, de oportunidades? Nada y todo, es lo que necesitas.

Hay sueños de paz, de alegría, de ternura, de locuras, sueños imposibles, futuros y probables y sueños que recuerdan al pasado. Hay otros que se convierten en pesadillas. No importa que duermas o permanezcas despierto, siempre están ahí acompañando y tomando decisiones por nosotros.

Aquellos que nos acompañan toda la vida sin saber cómo ni cuándo se convertirán en realidad y otros que como las modas no querrás nunca más.

¿Por cuál decidirse?

Por el sueño de hoy, que puede ser el de ayer y que probablemente será el de mañana. Por aquellos que acaban de aparecer y sientes que cambiará todo, o no.

Una vez sentí que tenía una habilidad innata de destruir lo cotidiano y rutinario. Aunque reconozco que siento pasión por el equilibrio y la seguridad, es irrefrenable el deseo de entrar en campos desconocidos pero no en cualquiera. Hay ocasiones en las que no se puede decir no. Es imposible cerrar puertas que se abren solas delante de nosotros, puertas que iluminan y llenan.

Estoy convencida,  tengo alma de pionera, cada día más.

Puede que llegue el día que encuentre la forma de combinar todo y crear una vida equilibradamente aventurera.

Somos dos, aquella amiga tenía razón. ¿Qué es la vida sin Emoción?

 

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Anoche, ya casi dormida me llegó una notificación en Facebook. Me había etiquetado en una publicación un amigo que tengo la pena de no ver tanto como me gustaría.

Fue una muestra de cómo un comentario de una persona puede proporcionarte una satisfacción enorme, sacarte una sonrisa y sobre todo, dejarte un buen sabor de boca.

En la vida nos tropezamos con personas por casualidad. En nuestro caso nos conocimos en el hospital. Era mi segunda vez y cuarta operación en un año y medio, ya acumulaba casi 40 días de “cliente de pulserita”, como nos solíamos llamar allí.

Pese a que muchos creen que los hospitales son lugares deprimentes, aquella experiencia cambió por completo mi forma de ver todo el “ecosistema” hospitalar. El ansía de familiares y amigos por animar a sus seres queridos me hizo vivir momentos muy especiales, de risas, de carcajadas (pese a las heridas y los cables) y también de confidencias.

Allí a mi lado, compartiendo habitación, se encontraba la madre de Manuel. La bauticé de broma como Señora Francisca, y cada vez que la llamaba así, sus carcajadas se podían escuchar al otro extremo del pasillo. Pasamos buenos ratos juntas, conocí a sus hijos, amigos y familiares más queridos. Día tras día, tras tres semanas de convivencia entablé una bonita amistad con su hijo menor, que cada mañana acudía a hacerle compañía y siempre estaba allí, Manuel.

Pocas veces en la vida tenemos la oportunidad de comprobar si las palabras, experiencias o consejos que damos a los demás realmente pueden ayudarles a llevar la vida con un poco más de alegría, de forma más sencilla o simplemente ayudarles a pasar el bache. Algunos de nosotros no podemos evitar compartir filosofía cuando tenemos al lado alguien que nos necesita (o pensamos que nos necesitan).

Le pedí permiso para compartirlo aquí en el Blog, y aquí os dejo unos de los regalos más bonitos que me han hecho este año. Saber que he podido contribuir a la felicidad con unas palabras. Gracias Manuel.

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Porque lo daría todo por tíPorque ya te amaba cuando tan solo vivías en mis sueños y ya sentía ganas de abrazarte, besarte y sentirte cerca.

Porque sabes que lo daría todo por tí, y lo doy. Tu alegría siempre ha sido cómplice de la mía, y ya no podría ser feliz si no lo eres tú.

Porque tu dolor es más intenso en mí, y es en parte mío también. Aunque no fuera yo la causa, sí sería responsable por no prepararte para ello, por no prevenirte o advertirte. Pues incluso sin quererlo estoy atenta, alerta, con todos mis sentidos para que nada pueda dañarte.

No voy, ni quiero protegerte en una burbuja. Necesitas equivocarte y cada vez que lo permito, duele más de lo que imaginas, pero sé que seria peor aún si no aprendieras para cuando no pueda protegerte.

Sabes que todo lo que sé de tí te ayudará a encontrar las claves y las soluciones a los problemas, y aunque aún no lo sabes, sabrás más que yo.

Porque parte de lo que he aprendido durante todo este tiempo, aunque no lo sabes, lo aprendí de tí.

Porque te querré mientras viva y tu a mí, y ambos lo sabemos.

pruebas y leccionesEn un post anterior exponía y analizaba mis impresiones sobre “La Generación mejor preparada” o como la mayoría de mis lectores coincide “mejor tituladas”. Concluimos que la preparación no finaliza tras los estudios universitarios. Ni que decir tiene, que para “la vida real” son necesarios más ingredientes que la sola formación académica.

La Universidad proporciona herramientas para adquirir conocimientos, pero hay que ampliar el campo, seleccionar los caminos que te conducen a poder desarrollar la actividad que deseas y amas. Lo que se aprende es una breve sinopsis dentro del campo estudiado y es necesario desarrollarlo, aderezarlo, añadirle la personalidad y la creatividad de cada uno de nosotros. Y así, solo después poder intentar vivir de ello. Es un proceso costoso, en recursos, tiempo, esfuerzo y entrega, sin embargo, muchos más ingredientes capacitan para enfrentar el durísimo mundo exterior.

El problema del bajo porcentaje de alumnos exitosos o realmente preparados y listos (no me refiero  la inteligencia) para decir YA al mundo laboral (más…)