2017, el año de la amistad

Feliz 2018 - Lolalandia

Quiero desear desde aquí un Feliz año nuevo a todos los que habéis estado a mi lado apoyándome y formando parte de mi vida, y a los que me han puesto obstáculos también, porque gracias a vosotros he descubierto quién merece la pena y hasta donde soy capaz de llegar.

Solo algunos años dedico un post de despedida del nuevo año y bienvenida del siguiente. Este 2017 no podía dejar de hacerlo, por lo duro, emocionante e intenso que ha sido.

No es suerte que unos años sean más complejos que otros, cada uno tiene su intensidad particular cuando se mira hacia atrás.

Sin embargo, este año será el año del agradecimiento, tengo incontables razones (más que nunca desde que vivo aquí) para agradecer especialmente a todas esas personas que circunstancialmente me rodeaban y en las que he descubierto un gran corazón.

Ha sido un año doloroso por varios frentes. Me despedía para siempre de mis últimos mayores, dejando esa sensación de orfandad por la que todos tenemos que pasar alguna vez si sobrevivimos. Es un estado peculiar de enfrentar el día a día sabiendo que ya lo que queda de familia es solo la que has creado con tu semilla, y que en los momentos duros no estarán los de siempre que tan bien conocen tu vida y tu historia para ayudarte a levantar.

Te haces mayor de repente independientemente de la edad que tengas y comprendes realmente lo que significa para muchos niños crecer sin familia. Si es duro rozando los 50, no puedo imaginar qué significa continuar en esas edades en las que sentirse protegido es tan importante casi como el aire que se respira.

Ha sido un año en el que se hacía obligatorio tomar decisiones que debían cambiar la vida, hacerla progresar y estabilizarla, momentos tensos de una frenética actividad sin descanso, de proyectar el futuro como pocas veces para continuar. Ese momento en el que si dejas de pedalear fuerte te caes y ya no sabes de donde sacar fuerzas. Pedaleando en terrenos poco estables pero con la meta clara en tu mente.

Ademas, los errores y las caídas cada vez se pagan más caras y ya no queda nadie para salvarte. O al menos eso creía.

Y no es que me haya equivocado, ni caído, pero si sentí perder el equilibrio y estar a punto de ello. He necesitado algunos empujoncitos para que la suerte se ponga de nuestro lado, para saltar con fuerza sobre los baches. He necesitado ayuda, apoyo y tiempo para reorganizar y organizar.

Pese a que pedir algún favor es un tabú para aquellos que nos creemos fuertes (gracias, mil veces gracias) he recibido una gran ayuda de personas que ahora sé que son amigos y otras tantas que prácticamente no conocía. Ha sido varios los ángeles de la guarda que he descubierto en la adversidad de 2017 y que sin ellos hoy no estaría aquí, feliz con mis hijos, con planes, con un futuro en construcción y con la obra casi lista.

No voy a nombraros, sé que me vais a leer. No quiero dejar de deciros que vuestra ayuda, vuestro apoyo, no solo ha representado y es un soporte importantísimo, ha despertado mi confianza en mi misma, en la bondad, en el ser humano, en la solidaridad, y sois el mejor regalo que 2017 podía dejar y espero poder corresponder cuando me necesites también.

2017 ha necesitado mucho esfuerzo, energía y horas, sin ocio, sin tiempo para descansar, sin poder disfrutar de la familia. Ni ellos de mi ni yo de ellos, tengo la obligación de agradecer también su comprensión y no haberme reprochado mi “ausencia”. Ha sido una especie de maratón interminable que tendrá su recompensa y ya visualizamos la meta.

Dar las gracias también a todos aquellos que, sin ser nada personal, habéis puesto piedras en el camino. Aquellos que suponía eran parte de mi vida y he comprobado que tan solo era una herramienta en las suyas. Gracias a vosotros he descubierto que tenía más fortaleza, si cabe, para enfrentar las dificultades, que tenía mejores amigos de los que imaginaba y he aprendido lecciones que jamás pensé necesitar. Gracias a vosotros sé que aún conservo mi resilencia y capacidad de obtener resultados positivos de todo lo negativo.

Como aquel cuento del burro en el pozo, cuánta más tierra tengo encima más alto soy capaz de llegar.

Feliz año a todos! Feliz 2018.

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