El problema no es el martillo, es la mano que lo levanta


 

martillo

No, no vivíamos mejor sin móviles.

Si, me he levantado con ganas de llevar la contraria.

Llevo años leyendo blogs, artículos (y escuchando charlas) demonizando el uso de las nuevas tecnologías. Ahora que ya se cree que hay una generación que ha vivido enganchada a ellas llegan estudios y conclusiones que generalizan toda una franja de edad.

Y es que siempre me ha molestado la generalización, incluso cuando he estudiado recientemente a la generación más joven de ellas, la generación digital, me quedé con el concepto de Javier Elzo, especialista donde los haya (y al cual recomiendo) en el estudio de la juventud hace varias generaciones. Al menos él, eludiendo de la generalidad, clasifica en cuatro grupos a nuestros jóvenes, algo es algo.

En sus estudios y conclusiones las características que distinguen los cuatro grupos que forman parte de una misma generación llegan a ser completamente opuestas y contrarias entre ellas, por tanto lo considero una aproximación a la realidad.

Percibo que muchos de los que hablan o bien olvidaron su juventud, o tienen un recuerdo idealizado de cómo fue o simplemente ellos creen que su caso personal es el reflejo de sus tiempos. Tanto la generalidad como la personificación de una experiencia a la totalidad las considero erróneas.

No dejemos de pensar que lo largo de la historia, e independientemente de haber nacido en Manhattan o en la selva amazónica, los jóvenes siempre se han enfrentado a sus mayores y “luchado” por cambiar su sistema de vida. Y los “mayores” siempre han sentido cierta frustración por no comprender a sus jóvenes. Es ley de vida, innato al ser humano, los tiempos cambian, y demos gracias que siempre cambiarán.

Mi punto de vista y lo que he podido estudiar sobre el tema me obliga a recordarles que todos fuimos jóvenes y algunas generaciones hemos convivido entre universitarios exitosos, tops models, cantantes en las primeras listas con su primer single y muchas, muchísimas víctimas mortales de las drogas, gente normal que sacaba la carrera a duras penas y otros que ni siquiera aspiraban a ver una universidad en su vida.

Y de allí venimos los “babyboomers” (hace poco supe que tenemos un nombre). Descubrimos Internet a medidados de los 90’ con apenas “veinteytantos” años, los móviles, las páginas web, el correo electrónico, el Messenger y los foros antes de los 30,  y aún éramos jóvenes.

Hay un mito que relaciona directamente la edad con la tecnología, los móviles e internet. Todos conocemos mayores de 50 y 60 años muy hábiles, y adolescentes que se niegan a tener redes sociales. ¿Han oido hablar de los Knowmads? Es una forma de vida, de trabajar y de ser, no una edad, y es en este concepto donde los tópicos se derrumban para la desgracia de los “generacionistas”.

La mayoría de las personas que conozco tienen una preciosa historia que contar por culpa de una máquina. La tecnología y los móviles han supuesto una explosión de la sociabilización. Y nadie me quita esa idea. Grandes amistades se han fraguado gracias a las “maquinitas”, a las redes sociales y a la oportunidad de poder conectar con mentes e ideas como las nuestras, independientemente del país donde vivas, del barrio donde te tocó nacer o vivir, de la “puñetera” familia que te ha tocado o del maldito colegio en el que nadie te entiende.

Saquen las conclusiones que quieran, si los niños no van al parque es porque sus padres no los llevan, si veis jóvenes arrepiñados en un banco cada uno con su móvil pueden estar riéndose a carcajadas con el compañero que no pudo salir por culpa de una gripe. Hay que educar y enseñar a nuestros hijos a moverse en el mundo actual, no en el de hace más de 30 años. ¿Es necesario un esfuerzo? Educar nunca fue sencillo para ningún padre.

Si me estás leyendo ahora es porque gracias a la tecnología nos unieron las ideas y nos seguimos en las redes sociales aunque nunca nos hayamos visto. Y aunque nunca nos hemos visto, compartimos alegrías, tristezas, aburrimiento e indignación cada día, libremente y sin obligación, no como aquel “amigo” que se ofende porque “hace tres meses que no tomamos una cerveza juntos”.

Gracias a las tecnologías y los móviles sabemos que no estamos solos, que si algo sucede en mitad de la noche con el coche, alguien nos va a socorrer, que si estamos enfermos y es el cumpleaños del peque no se quedará sin regalo, que cuando nuestros hijos se muden podremos escuchar su voz y ver el brillo de sus ojos a través de Skype.

En el campo corporativo nos hace más productivos, ha dado acceso a pequeños y medianas empresas a dar a conocer su trabajo. Hace posible que músicos, escritores, profesores y profesionales de todos las ramas tengan su propia voz, más allá de su ámbito geográfico. Estamos en la era del conocimiento, de la información, de la transformación digital para hacernos la vida mucho más sencilla y satisfactoria.

Que no me cuenten historias, que el problema no es el martillo, es la mano que lo levanta.

2 Comments

  1. 99,9% de acuerdo contigo. 😉

    La vida digital ha llegado para quedarse y hemos de ser capaces de sacar el mayor bien posible.

    Ante los talibanes anti NNTT les he recordado, en más de una ocasión, cómo hace treinta años nos encantaba el olor del pegamento, (hoy prohibido), o como se nos caía “accidentalmente” el termómetro para jugar con el mercurio en nuestras manos, entre otras pillerias.

    Como bien dices, el problema no está en la herramienta, si no en su uso adecuado y proporcionado.

    Gracias Lola!

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    1. Gracias Javier por tu comentario. Lo hermoso de evolucionar es aprender a sobrevivir y potenciar para mejorar constantemente algo innato e imprescindible en el ser humano. Somos seres sociales y sociables, y la capacidad de transmitir el conocimiento es lo que nos hace crecer como personas y como sociedad. me encanta vivir la época en la que vivimos. Apuesto por la alfabetización digital como bien sabes. Todos somos capaces de ser “carpinteros” si nos enseñan a usar el martillo. ;-))

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