Neo feminismo: el nuevo machismo


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Nací en el año de la revolución del 68. En aquellos tiempos los cuerpos femeninos conocían la minifalda, el bikini, los vestiditos, o las tirantas. Junto a los cambios en nuestra forma de vestir se dieron uno de los mayores saltos hacia la libertad de la mujer.

Mi madre me trajo al mundo con 23 años. Había crecido en un mundo donde la mujer no podía tener cuentas corrientes a su nombre, dependía financieramente y legalmente de un hombre y el adulterio si era cometido por una mujer era penado con la cárcel. Su padre consideraba a la mujer un nivel inferior a un caballo o un perro. Así fue para muchas, más de lo que se pueden imaginar.

En ese ambiente nacimos muchas. En ese ambiente, nuestras madres nos educaron para que muestro mundo fuera distinto. Y consiguieron hacernos ver que nosotras éramos las que debíamos contribuir a cambiarlo, y mantenerlo. Nos educaron de forma distinta a aquella que lo hicieron sus madres, nuestras abuelas.

La universidad para nosotras era obligatoria, había que demostrar que éramos igual de capaces que ellos, que no todas teníamos que ser enfermeras, secretarías o esposas, hacer deportes o arreglar un enchufe, a ser independientes, a poder vivir sin depender de nadie.
Recuerdo que en las clases de informática o las carreras de ciencias éramos siempre una de cada diez como máximo, o pocas osamos a conducir una moto que no fuera una Scooter.

Aprendimos a no ser “la mujer de” y ser simplemente nosotras, a no dejar que nadie por el hecho de ser hombre pudiera decirte qué hacer. Tuvimos que filtrar entre muchísimos jóvenes los machistas de los oportunistas que se consideraban feministas para vivir a costa de cualquiera de nosotras. No sobrecargarnos de trabajo por querer hacerlo todo y no ha sido fácil. Por lo general es más fácil “hacerlo y punto” que delegar y vivir en un caos, aunque sé que muchas de nosotras no lo ha conseguido.

Enfrentarnos a nuestros padres para que nuestros hermanos colaboraran en las tareas del hogar igual que nosotras, y no se sintieran superiores.

En nuestra forma de vestir había que negociar la altura de la falda, el tamaño del escote, la altura de los tacones, el uso de algo de maquillaje para ir a una fiesta, buscar playas para tomar el sol en topless en paz sin insultos ni amenazas, etc.

Nunca perdimos nuestro derecho a ser mujeres y no transformarnos en aquello que ya existía de niñas, la anti mujer. Aquella que debía descuidar su aspecto para demostrar que era igual a un hombre, a un hombre que lógicamente descuida su aspecto. Ellas creían que si te arreglabas o usabas tacones o una vestimenta determinada, no eras una mujer liberada. Entre unos y otros, regateando entre todos los extremos hemos llegado hasta aquí. Madres, trabajadoras, cuidadas hasta el punto que hemos podido hacerlo por la naturaleza y la genética de cada una y educando a nuestros hijos que para ser mujer no hay que dejar de serlo, y que para ser hombre no tienes que ser más ni mejor que una mujer.

Nos enseñaron en definitiva a ser mujeres, madres y por encima de todo personas. Ese rol tan complicado y que tan poca base de experiencia se tenía en la historia de nuestra humanidad salvo raras excepciones. Podíamos admirar tanto a una gran científica como a una de las súper modelos que invadían los medios, nada era incompatible. Y nadie nos contó cómo hacerlo. Solo había que sentirlo.

Las nuevas feministas en mi opinión  deben tener pendientes aún cómo ser personas por encima de todo. No han aprendido a decir No, no saben escoger y filtrar aquellas personas con las que merece compartir el tiempo y la vida. No han sabido y no saben que los demás no son como ellas quieren, que son ellas las que deben decidir con quién estar o a quienes rechazar. No aceptan que otras mujeres puedan ser aparentemente más atractivas. La envidia, los celos y la poca confianza en sí mismas les produce una tremenda insatisfacción que o bien les hace desear dejar de comer para convertirse en “aquella” o prefieren que se cree una cultura antifemenina para prevalecer sobre las demás. La condición física nunca es impedimento ni refugio de traumas y falta de amor propio. Todo ello es superficialidad. Ni la belleza se transforma con un maquillaje, ni te sientes más segura por perder unos kilos. Es algo más profundo que un milagro de Photoshop.

Me aterra pensar que mujeres hechas y derechas sienten vergüenza de sus kilos de más y de su tripa vencida por los hijos o las marcas de su trabajo sedentario para disfrutar de su traje de baño, caminar tranquilas por la playa o jugar con sus hijos y nietos.

Ser persona en este sentido es vencer los estereotipos y estar orgullosos de quienes somos, o al menos ser conscientes de nuestros complejos e intentar resolverlos. La belleza está en la seguridad en sí mismo, la dulzura de una mirada, la risa sincera y mil características más que no caben en este post.

Siento que ellas defienden la libertad de oprimir, de consentir la opresión y achacarla a un mero símbolo cultural. De símbolos culturales estábamos llenos aquí en los años cincuenta. No es el camino que nuestras madres y abuelas tomaron y hoy nos hace ser quienes somos como mujeres.

No es cultural que existan países donde la mujer debe ir tapada para no ser agredida y condenada. No admitiremos muchas de nosotras que ellas digan que prefieren ir así, que es una opción. No al menos hasta que puedan hacerlo al menos cuando lo deseen sin suponer un conflicto familiar o legal. Igual que no admitíamos a aquellas mujeres que educaban hace años a sus hijos como auténticos machistas con derecho a pegar a su mujer “cuando se portaba mal”. O tampoco admitíamos aquellos señores que nos llamaban de todo por tomar el sol en topless aunque fuera legalmente permitido.

No les dimos la razón a nuestros machistas contemporáneos, no os vamos a dar la razón a vosotras busquéis los argumentos que busquéis.

 

12 Comments

  1. Bravo Lola!

    Valiente post, ser persona…
    ¡Qué importante y que concepto tan deconstruído!

    Ser uno mismo, el quid de la cuestión.

    Un abrazo Javier G.

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  2. Una mujer será “libre” cuando haga con su vida lo que quiera sin tener que dar explicaciones a nadie, ni siquiera a ella misma… Si quieres tener hijos o no, vivir en pareja o sola, trabajar en lo que quieras, tiene que depender únicamente de ti pero por desgracia, tendrás que ser fuerte, porque nuestra sociedad aún no rstá “educada” ni preparada…

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    1. Gracias Eva por comentar y dejar tu opinión. En mi experiencia y mi entorno: Nunca he dejado de elegir por ser mujer, nadie salvo mis limitaciones me han impedido tomar ninguna decisión, y claro que hay machistas o malas personas o envidiosas de ambos sexos… Pero nada que mis hijos varones no tengan que aprender a enfrentar

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  3. Hola. Soy un hombre de 23 años y la verdad es que alucino con la cantidad de mujeres de mi edad que profesan un feminismo lleno de resentimiento y de odio contra los hombres. Lo veo entre mis antiguas compañeras del instituto o entre mis compañeras de carrera.Por fortuna muchas otras no se dejan llevar por una manera de pensar tan corrosiva, saben que es mitad moda y mitad ola cultural. Es siempre reconfortante leer estas cosas escritas por una mujer. Gracias.

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    1. Muchas gracias, me alegra mucho leer estas palabras. Tengo hijos que también se sienten tristes e incomprendidos por el mero hecho de ser hombres por ciertas mujeres llamadas feministas. No lo son. No era por ello por lo que luchaban nuestras madres y abuelas. Se trataba de tener las mismas opciones, oportunidades y libertades, no de ser peores que nuestros antepasados hombres.

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  4. Muchas gracias por tu artículo.
    Le presto especial atención al párrafo “No es cultural que existan países donde la mujer debe ir tapada para no ser agredida y condenada…”. Tienes razón, no, no es cultural, han sido imposiciones de regímenes particulares, del de Jomeini desde 1979, a partir del triunfo de la revoución islamista iraní y las imposiciones de los cafres wahhabíes en el Golfo Pérsico, todo ello agrandado por la importancia que se les ha atribuido por la dependencia occidental del petróleo.
    No hay más que ir a hemerotecas (o al cine egipcio anterior a 1979) para ver que la realidad de ese mundo no era el de mujeres tapadas-o-condenadas-o-agredidas. Se cubrían tradicionalmente las beduinas pero no la población sedentaria femenina, que seguía la moda occidental de la época. escotes y minifaldas incluidas.
    Un ejemplo, la población palestina. En los 70, apenas se veía alguna mujer con hiyab. Las abuelas llevaban el atuendo palestino tradicional, con velo blanco echado a la espalda y que NUNCA les tapó la cara. Las madres se vistieron a la occidental y llevaron minifaldas. Sus hijas llevan hiyab, casi todas.
    El hiyab (no así el burqa-niqab) tiene un gran componente de moda. Pasará. En cambio, al burqa-hiyab habría que combatirlo y erradicarlo de la UE. Una mujer no es un amasijo de trapos negros sin identidad ni rostro.

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  5. El ser persona es lo primero. El ser hombre o mujer antes de persona es lo que a largo plazo trae resentimiento hacia el sexo contrario. Detesto a los machistas y a las feminazis, y considero, por mucho que me lo rebatan, que el concepto de feminismo no es acertado para tratar ciertos aspectos relacionados con la igualdad de género y la libertad de la mujer, ni por el nombre del concepto (¿el lexema “fem” significa igualdad?).
    Considero qué las personas pierden el tiempo con eternos debates que solo hacen potenciar la soberanía de uno de los sexos, y por ende, solo trae odio y más resquemor. Si la sociedad se esforzara en ser mejor persona ( más civismo y reflexión crítica) considero que la desigualdad de género no supondría el circo que hoy nos molesta con su problemática. Por favor, como ya comenté lo vital es ser personas antes de hombres o mujeres, aunque en España está jodida la cosa, pues para hacer un símil, jamás he conocido a una persona que sea española antes de madrileña, catalana, etc y es decir: que al final pasará lo de siempre y por necedad cada sexo barrera para su propia casa. UN MUNDO DE BORREGOS.
    Mis felicitaciones a la autora, me ha agradado su articulo

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que haya sido de tu agrado. Creo que todos conocemos el fondo de todos los asuntos que nos afectan y que muchos (demasiados) insisten en borrarlos de nuestras mentes. Mientras tanto nos reafirmamos como personas frente a la propaganda que nos quiere y pretende dividir en bandos opuestos. Bienvenido a mi blog!

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