Emprender: cambiando el mundo (Parte 1)


Emprender: cambiando el mundo (Parte 1)

Detrás de un emprendedor siempre hay un deseo de mejorar el mundo que tiene alrededor o satisfacer a un público determinado mejorando algún aspecto de sus vidas.

¿No es cierto que todos queremos mejorar el mundo?

Según mi punto de vista, si con tu idea no mejoras el mundo un poco más, simplemente no es una buena idea.

¿Por qué?

Porque las ideas no surgen de la nada, siempre hay una necesidad que cubrir o satisfacer para facilitar la vida a las personas o para mejorar su día a día. Cuanto más contribuya a crear un entorno positivo, avanzado y satisfactorio, mayor impacto tendrá la idea y por tanto tendrá más posibilidades de ser ampliamente admitida por nuestro público objetivo.

Ya lo define el triángulo del éxito, porque está claro que emprendemos para alcanzar el éxito.

Pero, ¿qué es el éxito? Vamos a partir del hecho de que éxito supone que nos “compren la idea”, es decir, que alcancemos a desarrollarla y que sea compartida por la mayor cantidad de personas posible. 

Definitivamente una idea, tras el esfuerzo que supone desarrollarla, debe conseguir los objetivos que nos proponemos. Algunos de los objetivos pueden ser satisfacer, solucionar o facilitar algún aspecto de la vida de alguien (pensando en plural, claro).

Muchos habréis oído hablar del triángulo del éxito, otros no. Os lo explico brevemente. Existen tres factores que impulsan hacia el éxito, la ACTITUD, la APTITUD y la CAPACIDAD; querer, saber y poder ejecutar la idea.

En cada uno de nosotros reside un emprendedor, pero aún no lo sabe

Y es que en realidad, y muchos no lo saben, en a cada uno de nosotros reside un emprendedor que aún no ha tenido la ACTITUD para poder serlo, porque no sabe cómo hacerlo. Quizás estamos educados para estudiar en el colegio, escoger una profesión y hacer una carrera (o no) y buscar que nos den trabajo (situación que cambia cuando en la familia tenemos emprendedores de los que aprender).

En cambio, cuando éramos jóvenes (algunos que me leéis aún lo sois) todos queríamos cambiar el mundo. Pues de eso se trata. Vamos a cambiarlo, es lo que han hecho todos los emprendedores y voy a intentar explicaros una especie de receta.

 La receta…

No es la única, cada emprendedor debe tener la suya igual que cada cocinero tiene la suya, cada maestrillo su librillo, etc. Aquí os ofrezco la que he usado normalmente unas seis o siete veces en mi vida desde los 19 años que puse en pie mi primera idea (por cierto con éxito o no lo contaría aquí).

Varios son los condicionamientos que propician dar el salto hacia la consecución de una idea.

Observar

Para emprender en primer lugar, debe existir la observación. La empatía a la hora de visualizar los problemas que afectan al entorno, una cierta perspectiva para definir cuáles son los conflictos o problemas raíz a solucionar y de esta forma encontrar las posibles claves.

Observar es una fase fundamental sin la cual las ideas que aparecen pueden estar alejadas de la realidad o no coincidir con la clave necesaria.

Analizar

Las conclusiones de la observación deben pasar por un proceso de análisis, metódico y casi científico. Del análisis detallado del problema enfrentado deben surgir las herramientas necesarias para llevar a cabo el proyecto. Realmente, el “hueco” encontrado debe ser fácilmente resuelto, con unos costes soportables o accesibles a las personas que lo soliciten y los resultados deben siempre compensar la inversión.

Las herramientas

¿Sabemos resolver el problema? Conocer el ámbito en el que nos desenvolvemos o al menos conocer quiénes serían capaces de ejecutarlo es una fase primordial. El emprendedor la mayoría de las ocasiones es como una herramienta multiusos. Tiene nociones de todos los campos sobre los que se debe actuar, pero ojo, no tiene porqué ser en profundidad. Si tiene que ser capaz de reclutar a quienes posean esas capacidades y aporten al proyecto el toque distintivo que conseguirá que la idea prospere.

Don de gentes

O al menos saber conectar con las personas que van a necesitar tu ayuda. Aquí llega una fase fundamental  al emprender y es la de proyectar y exponer la solución viable, cómoda, sencilla y necesaria a todo aquel que precise de la idea. Esta fase, aunque parece compleja realmente es la que conecta el problema con la solución. Es la que debe despertar la clave en el interlocutor y la comprobación empírica de que nuestra idea es buena. Si la persona que tiene el problema que vamos a solucionar no capta la idea o no la ve factible toda nuestra energía se va al traste.

Poder de recuperación

¿Nuestra idea no ha sido útil? Quizás no se ha sabido transmitir o realmente no es imprescindible como creíamos en un principio. Aquí deben intervenir varios factores.

 1.- Quizás no hemos conectado con las personas (clientes) adecuados

Hoy en día es más sencillo conseguirlo gracias a la comunicación global e internet, donde las barreras físicas ya no son un problema y no representan un impedimento para que idea y cliente se encuentren. Invierte en comunicación, hazte visible y amplía tu red de contactos.

2.- Hay que saber esperar

Este condicionante enlaza con el anterior. Roma no se hizo en Un día, que decía mi abuelo. Continúa intentándolo, aquí es donde la pasión, la fe y la perseverancia actúan, ingredientes fundamentales en la ACTITUD del emprendedor. Lo que nos lleva al siguiente punto.

 3.- No te impulses demasiado fuerte al comienzo

Las energías deben ser administradas, emprender es un maratón y de nada sirve estar eufóricos en un principio y después ir desanimándose por no cubrir unas exageradas espectativas. Cualquier idea y especialmente si es novedosa tiene un tiempo de maduración en la mente de los demás (así como la tuvo en tu mente). Poco a poco deberás ir demostrando como tú fórmula funciona, tu trabajo es bueno y principalmente y fundamental, que quien la “compre” verá resultados beneficiosos y productivos.

¿Hemos fracasado?

No importa, un buen emprendedor en este camino recorrido desde la idea hasta el fracaso ya habrá sacado lecciones suficientes para mejorarla o cambiarla por otras.

Adaptando el dicho de Groucho Marx, el emprendedor  se dice a sí mismo “si no te gustan mis ideas, tengo otras”.
De cada fracaso se aprende, la única manera de aprender y conseguirlo es intentarlo.

En la próxima entrada explicaremos algunas técnicas para iniciar el proceso de la idea al hecho.

Puedes leer más sobre emprendimiento en mi blog profesional pinchando aquí 

Pd: El factor financiero prefiero omitirlo, de hecho muchos grandes emprendedores han surgido de la nada. Tener grandes recursos ni te prepara para poner en práctica una idea, ni garantiza su éxito, ni vivir en la abundancia genera más emprendedores. 

En muchas ocasiones, situaciones extremas han sido fundamentales para la aparición de grandes ideas.

1 Comment

  1. La sociedad actual da, no enseña ni motiva para emprender, las familias tampoco, una colocación es lo que pone, que está bien. Ahora es engancharse a un puesto de trabajo presencial en su mayoría y a vivir, muy buen artículo Lola.
    No se enseña a imaginar, a crear, a pensar, a planificar etc

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