Silencio


imageTan necesario y tan temido. Evitado, asociado a la soledad y a la paz. Tan apropiado y recomendable, exasperante, inquietante y adorable. La vía perfecta para alcanzar la tranquilidad y poder descifrar los pensamientos más íntimos que puede volver loco cuando se ausenta o cuando no cesa.
Inteligente y necesario, la única salida cuando se está rodeado de palabras necias, insultos y mentes obsoletas. Un placer, un deleite ante las palabras sabias. La única manera de aprender de los que conocen los secretos y empaparse de la experiencia de los que han vivido más.

Reconforta cuando está acompañado del abrazo, de los besos, aquellos largos silencios llenos de paz sintiendo todo el universo en el interior. La banda sonora de una mirada clavada en otra, de las almas fundidas en una sola y que consigue que el tiempo se detenga. Cuando el mundo calla alrededor, se ensordece y tan solo puedes oír el alma. Mágico cuando le acompaña el murmullo del mar y la brisa acaricia tu rostro. Una inyección de oxígeno cuando el mundo queda a los pies y allí en lo alto, tan solo el cielo queda sobre ti.

Desesperante cuando aparece de forma inapropiada entre dos personas que tienen mucho que contar, que decir y que sin embargo son incapaces de romper. Ese silencio que se siente, que se palpa y turba. Es el silencio previo a la tormenta, ensordecedor, frío e incómodo. Aquel que se queda en la punta de la lengua, que estalla las sienes y aprisiona el corazón convirtiendo el alma en una prisión. Que reduce la respiración a la mínima expresión de aliento suficiente para sobrevivir sin más.
Es el silencio que se apropia de las palabras que hieren y pueden herir, el de los sentimientos que no desean ser expresados, que sin embargo lo piden, suplican a gritos pero los ahogamos apretando los dientes, retorciendo la lengua sin más, con la esperanza de que se diluyan.
Es el silencio que puede convertir en eterno los conflictos del ego. Es el silencio que al romperse, rompe esperanzas, ilusiones. Es aquel camino que se escoge para que nadie escuche todo aquello que no quieres sentir. Es la mejor forma de no resolver los conflictos propios y ajenos. Es el máximo símbolo de soledad acompañada, cuando crees que ya, nada tienes que decir.

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