Recuerdos de mi país, como éramos y como somos


Recuerdo como si fuera ayer cuando volvía a España, pese a tener mi carrera, para trabajar temporalmente en la hostelería durante los meses de verano a ganar algo de dinero. Allí, en mi país de adopción, llovía sin parar y la vida se paralizaba, tanto que en los comercios de la zona no tenían cambio cuando pagabas, así que no quedaba más remedio que dejar fiado.

Recuerdo volver verano tras verano desde el año1997, y ver como mi ciudad, mi país se transformaba en una especie de “ciudad europea” como aquellas que visité en mi viaje de Eurorail. Las calles, las casas, los pueblos, las personas, los coches nuevos, la ropa…todo se transformaba, cada vez que regresaba todo era más elegante y refinado.
Los pueblos que frecuentaba desde pequeña se mostraban desconocidos para mí, aquellas viviendas simples se alzaban con una segunda o tercera planta con fachadas impecables, parques, jardines, polideportivos…

Atrás quedaba mi ciudad caótica y desastrosa, los coches viejos y la gente vestía todos los días como en los fines de semana de mi infancia. Quizás formar parte de Europa de forma plena era la responsable de aquella transformación. Era evidente que “El Progreso”, había llegado al sur de España. Era evidente que por fin dejábamos de ser el norte de África. Me preguntaba el origen de tanto dinero, qué había cambiado en la economía (y qué me había perdido) para poder transformar todo de esa forma. “De fondos europeos” me decían algunos, pero habrá que devolverlo, no? Me preguntaba.. Y la respuesta era “sí, sí pero más adelante”. Una vivienda de segunda mano en un barrio, lejos del centro costaba 40 años de hipoteca pagando un salario ínter profesional al mes, ¿cuando se había visto aquello? Pero ese era el precio, ¿doscientos mil euros, por menos de ochenta metros cuadrados, en una vivienda, en un barrio humilde en las afueras? Intenté convencer al recién morador de aquella vivienda (un familiar) de que aquello era absurdo, ¿toda una vida pagando para adquirir aquello? Su único argumento era, “las cosas en España están así”. El tiempo ha mostrado que era una locura…

Era impresionante, y no tengo palabras para describir, la visión de los contenedores en las urbanizaciones de la playa, con los accesorios de cuartos de baño sin estrenar tirados, muebles en perfecto estado, bicicletas, ropa… Yo venía de un lugar donde el paseo por la marea alta a diario era una necesidad, para aprovechar lo que traía la marea, podían ser unas botellas de cristal, una tabla, cuerdas, todo podría servir para algo.

Es un desasosiego ver como en un lugar falta todo y en el otro se tira lo nuevo a la basura. Eran años de esplendor en España. Lo que conseguía ahorrar aquí después me serviría allí estirandolo unos meses. Porque sí, es cierto, conseguía ahorrar trabajando sólo tres días a la semana. Dormía en el sofá de algún amigo o alguien de la familia y no gastaba en nada que no fuera estrictamente necesario.
Poco a poco los sueldos comenzaron a bajar, el último verano que trabajé, tuve que hacerlo en tres lugares a la vez, durmiendo pocas horas y uniendo horarios. Todo ello para conseguir ahorrar lo mismo que unos veranos atrás. Así que nunca más volví. Era el año 2005. Aquí se ganaba un buen dinero en otros trabajos, pero el empleo en la hostelería era un desastre.

Pero porque cuento esto? Porque la España que dejé en 1994 no se compara con la que encontré en 2009. La transformación ha sido progresiva, hasta que hace unos años debido a la crisis se paralizó todo dejando en el paisaje urbano urbanizaciones a medio terminar, esqueletos de obras e infraestructuras a medias.

Desde dentro, opino que los españoles no han apreciado estos cambios y pocos recuerdan como eran nuestras ciudades y nuestras vidas no hace tanto tiempo. Los que emigramos y volvimos sí. Tuve la suerte de emigrar a un lugar infinitamente más pobre y necesitado que éste. Y sí, suerte porque aprendí a sobrevivir con poco y escoger las prioridades. Algo que creo no le vendría mal a muchas personas, personas que se dedican a proclamar a los cuatro vientos que somos más pobres.

¿Más pobres que quién y que cuándo? Soy de una generación que sufrió atascos sin aire acondicionado en pleno verano para disfrutar de un día de playa, de esos que dormíamos sin climatización ni en verano ni en invierno.

Somos aquellos que cabíamos en clases de 45 niños, institutos masificados y universidades con 300 alumnos por clase, donde teníamos que sentarnos en el suelo si teníamos suerte al fondo del todo. Somos la generación de 7 para conseguir una beca, aquella que si suspendías repetías curso. Cuando la educación obligatoria terminaba a los 13 años, y sin embargo no éramos menos cultos que muchos de 16 años.
No estamos peor que antes, no es mi generación la que ha transformado mi país, aunque ya nos va tocando. Y no por ello crítico lo que creo que se puede mejorar, simplemente lo observo y analizo, busco soluciones y lo hago, yo y muchos como yo, que no tenemos tiempo de estar en las calles o redes sociales para gritar lo mal que lo hacen los demás. No, nosotros trabajamos para mejorar lo que existe, lo que trabajaron mis padres y mis abuelos es mejorable y por ello no paro.

El momento de pagar toda aquella transformación que disfrutamos llegó, en un mal momento, es cierto, pero las deudas si se pagan, como en la tienda donde yo compraba, permite volver a dejar lo que se necesite en la cuenta. Y en ello estamos la mayoría, trabajando y devolviendo para que si un día lo necesitamos, lo tengamos.

Soy de esa generación que no ha dejado de escuchar el rock, ni bailar, ni se siente mayor siquiera, soy de aquella generación en la cual más niños nacimos y desbordamos las listas del servicio militar, pese a haber peleado y reivindicado su eliminación. Vivimos huelgas de estudiantes en los institutos, en las universidades y vimos como muchos de aquellos cabecillas se convirtieron en políticos de izquierda que hoy viven en Bruselas con sueldos envidiables y que ya nadie los recuerda. Políticos que hoy forman parte de cúpulas de sindicatos e hicieron carrera a nuestra costa, convocando huelgas y manifestaciones que no condujeron a nada más que a asegurarles un ascenso dentro de su partido, mientras perdíamos clases e incluso cursos.
Soy de aquella generación que aprendió a trabajar y saborear cada peseta ganada sin cuestionar la energía empleada, porque cuando eres joven tienes energías de sobra. Soy de la generación que se independizó compartiendo el apartamento y no se conformó viviendo con los padres hasta poder tenerlo todo. De aquella generación que sin nacer en un mundo digital nos manejamos como si lo fuéramos porque aprendemos cada día y nunca dejamos de hacerlo. Soy de aquella generación que aún tenemos niños pequeños y se nos eriza la piel cuando vemos como la educación de este país desmotiva a nuestros pequeños, donde las cualidades y aptitudes se nivelan por un mismo rasero y tratan de igualarlos ignorando sus distintas habilidades.
Somos aquellos que ya no confiamos en poder gozar de una jubilación aunque se la estamos garantizando a nuestros padres y a unos miles de sinvergüenzas que se aprovechan del sistema.

De aquella generación que están en desempleo con cargas familiares importantes, con hipotecas y toda una estructura por mantener mientras los políticos y los medios se preocupan por el desempleo juvenil que no es más que la franja de 16 a 23 años que además de tener la obligación moral de estar formándose, nada tienen que soportar a no ser la diversión y el consumo irresponsable.
Y quiero creer que de una vez por todas, nos tocará tomar las riendas y espero que el sistema no nos elimine. Y que digan lo que digan, no me creo que somos más pobres porque lo he vivido, quizás quienes tengan “veinteypocos” tengan esa percepción, porque han nacido y se han criado cuando todo era esplendor, pero aquello fue un simple espejismo. Los españoles, sin crédito, no somos capaces de vivir como nos gustaría, al menos por el momento.

8 Comments

  1. Compraban casas impagables, coches impresionantes, opulencia a raudales sin pararse a pensar en lo más mínimo, ahora sólo les cabe el lamento y no hacen otra cosa que echar las culpas a los demás, al sistema. No tienen ni siquiera el valor de enfrentarse a sus errores del pasado, revolverse y ponerse las pilas. Y de los políticos mejor no hablar, o sí, aquellos revolucionarios hoy son pijos bien pagados y mejor vividos que sólo saben ser políticos (y/o sindicalistas) porque nunca trabajaron, y utilizan la demagogia más descarada para decir que hay que ayudar al empleo joven cuando la bolsa de paro más importante es de los 45 años para arriba con cargas familiares y necesidad de ayuda de verdad, pero claro el voto es el voto y así nos vá. Que pena que nunca se use el pasado para aprender de los errores y no volver a cometerlos mejorando el sistema, pero para eso habría que leer, pensar y claro eso es mucho trabajo. Fantástico post, imprescindible, enhorabuena!!!

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    1. El pasado tan sólo se utiliza para atacar, para remover heridas, no para aprender de sus aciertos y fracasos. El pasado es tan sólo una herramienta que se suele utilizar para el rencor, es por ello que me he permitido refrescar la memoria, no tan sólo del pasado bueno, más bien del conjunto, la evolución que muchos no quieren ver. La ciencia es clara, si no tienes las incógnitas despejadas, no encontrarás la solución jamás.

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  2. Magistral como siempre, mi querida Lola. Tan sólo añadir esa famosa cita que dice algo así como “El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

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  3. … que bien escribes y te explicas… no puedo estar más de acuerdo contigo… nos comportamos durante muchos años como “nuevos ricos” y así nos ha ido… saludetes Lola 🙂

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  4. Una exposición brillante que describe perfectamente la situación que todos hemos vivido. Enhorabuena, Lola. Lo comparto por tierra, mar y aire. Besos!

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    1. Muchas gracias! Me alegra que compartamos puntos de vista. Escribir alivia el alma y a veces se convierte en una necesidad, y si es compartida por los demás hace de este mundo un lugar más cercano.

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  5. Perfecto retrato de esta España nuestra. Gracias lolacebolla por compartir tu punto de vista, enriquecido por el hecho de mirar desde fuera de la locura y desde un lugar en que se valorarán adecuadamente las cosas.
    Subestimar “LAS DEUDAS” a sido un error, no asumir el error nos hace perder una oportunidad de aprendizaje, intentar delegar en el Estado acabará con más deuda que alguien tendrá que pagar.
    Yo he aprendido que la deuda es una forma de esclavitud y, por tanto, en la medida de lo posible, algo a evitar. Saludos y enhorabuena por esta magnífica aportación.

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    1. Gracias por tu coemtario, la distancia y los contrastes fueron tan grandes que hace imposible no recordar todo aquello. La época en la que tuve que abandonar España buscando un futuro no puede olvidarse. En mi caso es imposible y no tuve la oportunidad de emigrar a un país de la comunidad, la legislación no lo permitía con la facilidad de hoy en día. Nadie menciona como los españoles emigrábamos a países más pobres, Brasil, Argentona o Venezuela están llena de españoles e hijos nuestros. Somos los emigrantes que viajamos con una mano delante y otra atrás a crear un futuro, formar una familia y eñtratar de encontrar las posibilidades que en España no eran posibles. Muchos creen que siempre España fue así, que tenía este aspecto, que éramos como somos. No, éramos el culo de Europa, así nos llamaban, y hoy somos Europa. Por ello, si peleamos por una vida mejor en el país donde ni éramos nadie, ni podíamos votar y lo conseguimos, se puede conseguir aquí. Y no depende de gobernantes, depende de nosotros mismos mientras tengamos libertad para poder hacerlo.

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