Sevilla, una ciudad cerrada


imagePese a la fama de los sevillanos de poseer un carácter extrovertido y abierto, la cohesión y el arraigo a las tradiciones dificultan la adaptación e integración de la población foránea que se instala en la ciudad.

Cualquiera que visite la ciudad se llena de asombro y se encanta, porque Sevilla tiene duende como suelen decir por aquí; embruja y cautiva.

Será por el diseño de la ciudad, por su carácter, una mezcla de culturas judía, árabe y cristiana que forma parte de la vida de la ciudad, de sus monumentos, arquitectura y culinaria. Su nombre es conocido en casi todos los lugares del mundo y este último año ha sido visitada por más de 140,000 turistas. Su riqueza cultural, patrimonial y su identidad la hace inconfundible frente a otras ciudades de Andalucía e impregna todo de una personalidad especial, que se saborea en su culinaria, se siente en su cálido clima, en el aroma a azahar de sus calles en primavera y en sus habitantes, famosos por ser alegres, extrovertidos y cordiales.

Quien pasa por la ciudad percibe un ambiente relajado, aunque en demasiadas ocasiones es confundido con la falta de productividad o de interés por el trabajo y la falta de esfuerzo, nada más lejos de la realidad. Quizás la fama sea por causa de la sagrada siesta, tan necesaria en una buena parte del año, cuando el calor insoportable de las horas centrales del verano, no dan opción para nada más que encerrarse en el lugar más fresco posible y dejar que caiga la noche y con ella una temperatura más soportable para salir a la calle. Al caer la noche, especialmente cuando llega el buen tiempo, las calles se llenan de gente, paseando, llenando bares y terrazas de jóvenes y mayores, de familias con niños revoloteando alrededor de los veladores, entre tapa y tapa, entre una cerveza y un tinto de verano.

Los sevillanos son capaces de tener una calidad de vida envidiada por la mayor parte del mundo. Saber compaginar trabajo y ocio como nadie, es un arte que aquí se aprende desde niños. Es una ciudad donde la fiesta nunca acaba, por un motivo u otro siempre hay algo que celebrar de enero a enero, las festividades y celebraciones se suceden y encadenan. Al finalizar una ya se está preparando la siguiente, cuyos preparativos pueden llevar todo el año. Muchos sevillanos se vuelcan en la organización de una y otra festividad manteniéndose ocupados prácticamente todo el año. Finalizada la Semana Santa la ciudad ya tiene todo listo para la feria de abril, y que casi sin darse cuenta, entre una y otra Cruz de Mayo encuentra el Corpus Christi rozando ya el camino al Rocío a comienzos del verano. Es cuando comienzan las fiestas patronales de los pueblos cercanos y ya está aquí la Velá de Santa Ana en Triana, y así continúa sin cesar hasta el año siguiente, incansable e imparable.

Una ciudad de casi un millón de habitantes donde hay que sumar los miles de turistas que la visitan con una vida social muy intensa entre uno y otro acontecimiento, la cervecita de la tarde, de los viernes al terminar el trabajo, las terrazas llenas todo el año, desde medio día hasta la noche, se dice que Sevilla es una de las ciudades que más cerveza bebe por habitante, y la quinta con más bares.

La calidad de vida en cambio, no es un gran atractivo hasta el punto de recibir población de otras regiones o países. Según los datos del INE no ha crecido de forma considerable en su población. En el año 1991 poseía 700 mil habitantes, aproximadamente el mismo número que reflejaba el censo de 2013. Si bien el área metropolitana ha crecido considerablemente, en relación a ciudades como Madrid, que prácticamente ha triplicado su población, es un crecimiento nulo. La llegada de trabajadores de otras ciudades o países se compensa por la salida de muchos sevillanos que deben buscar oportunidades laborales lejos de sus amigos y familiares, a lo que muchos no están dispuestos ya que la mayoría opina que no existe ciudad mejor en el mundo.

Se puede achacar el problema de la falta de crecimiento demográfico a factores económicos, estudios recientes de la Universidad de Sevilla sobre la integración de la población foránea en la ciudad demuestra que es difícil para ésta crear lazos de amistad y relaciones sociales con la población local. Según este estudio realizado por miembros del grupo de investigación ‘Laboratorio de Redes Personales y Comunidades”, tanto las comunidades con problemas de cohesión social como aquellas con relaciones muy densas y cerradas pueden presentar dificultades para la incorporación y la adaptación psicológica de la población foránea por lo que el ideal de integración se localiza en sociedades con niveles de cohesión intermedios. “Para el extranjero es a veces difícil integrarse en Sevilla porque es una sociedad muy cohesionada, con fuertes tradiciones, que se vale por sí misma y que no necesita incorporar a nadie de fuera, además no es una zona de tránsito donde haya un ir y venir de población extranjera y carece de grandes comunidades de otros países”, comenta la doctora Cachia, responsable por el estudio.

Ejemplos de este estudio pueden encontrarse en cualquier ámbito, barrio o actividad de la ciudad. El espíritu alegre y abierto del que se enorgullecen los sevillanos no es lo que perciben la mayoría de los hombres y mujeres que por causas de trabajo, estudios o familiares comienzan a vivir en esta ciudad.

Ya sea su procedencia española como extranjera, una gran mayoría, tras cinco años conviviendo con la población local no se siente integrado en la sociedad sevillana. Mantienen relaciones principalmente entre los recién llegados y tienen en común amistades con personas que también son extrañas a la ciudad. Gledson de 32 años y Alexandro de 17 son estudiantes y brasileños, sus amigos proceden de distintos países europeos o americanos, los motivos por los que viven en Sevilla son distintos, sin embargo la percepción es común, no comprenden la pasión por una cultura con raíces tan fuertes que los temas de conversación se limitan prácticamente a las fiestas pasadas, presentes y próximas, tampoco el vocabulario usual y común que emplea palabras malsonantes. Los círculos de amistad excesivamente cerrados del mismo modo, hace que entrar en un círculo de amistad real y verdadero parezca misión imposible. Esta percepción es compartida por la leonesa Ana que trabaja en una empresa en el parque tecnológico de la Cartuja, casada con un sevillano y madre de una niña de dos años, tras seis años con los compañeros de trabajo y contactos en la guardería, entre otros, aún no tiene lo que poder considerar una amiga. Julián que proviene de Jerez y estudia audiovisuales en Sevilla durante los tres últimos años comenta que “si no te gusta la Semana Santa, la Feria o el Rocío prácticamente no tienes nada que hacer, no te aceptan, sientes que eres ajeno a este lugar”.
Es común en una empresa ver como los grupos de amistad fundamentalmente lo integran miembros que llegaron a la ciudad por traslados. Raúl, Antonio, Luis, Jesús por ejemplo son de Cáceres, Estepona, Marbella y Málaga, y tan sólo un sevillano Javier, que casualmente pasó toda su adolescencia viajando por diferentes lugares de la geografía española cada verano.

Una apreciación común en las personas que provienen de diferentes lugares tanto de España como del mundo, es la afinidad con diferentes sevillanos que han viajado en numerosas ocasiones o también han vivido fuera de Sevilla. Teresa es sevillana y su marido Gustav es sueco, tras más de 10 años viviendo en Londres, consiguieron el sueño de vivir en Sevilla, en el centro, detrás de la calle San Luis compraron un precioso ático. Un sueño que apenas duró seis años ya que se sentían excluidos de la ciudad. Finalmente decidieron poner la casa en venta y mudarse a Estocolmo sacrificando el sol, el buen comer y la calidad de vida que los trajo hasta aquí.
Fátima es marroquí, dejó su empleo en un banco holandés en Rabat hace diez años y hace poco que juró bandera, por fin es española. Es licenciada en administración de empresas aunque ahora tiene en sociedad un bar donde ella se ocupa de la cocina, con una mezcla entre andaluza y marroquí que mucho tiene que ver. Su adaptación le ha resultado sencilla, fue educada sin velo y sin los estrictos dogmas de su religión musulmana. La libertad que posee desde que llegó la mantiene en constante euforia y ganas de compartir alegrías. Para ella la clave quizás está en cómo tratas a la gente y con quien te relacionas. Sus referencias a la hora de comparar lugares es abismal.
Sevilla es una ciudad volcada al turismo, la actividad económica que más empleo e ingresos genera. Sus esfuerzos e inversiones en este sector no cesan. Mima con esmero todos los detalles; un casco histórico sumamente cuidado, seguridad en sus calles, actividades culturales, excelentes restaurantes y bares donde se puede degustar, con una seguridad de prácticamente el cien por cien, una de las mejores comidas del mundo. Lo tiene todo menos el mar para ser perfecta, al menos es lo que los sevillanos opinan y la mayoría de los visitantes que llegan constantemente. Sin embargo algo falla a la hora de volver a ser una ciudad multicultural, donde la apertura que aparenta tener sea una realidad.

15 Comments

  1. Lola,un artículo estupendo y estoy totalmente de acuerdo con todo lo expuesto en él, no cambiaría ni una coma. Y por cierto, una pena lo de Teresa…

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  2. La verdad es que Sevilla es una ciudad bastante diferente del resto de ciudades andaluzas, es otro rollo. Prefiero la calidez de Cádiz, Jerez o Granada, sin dudarlo. Ya lo dijo Unamuno: “sevillanos, finos y fríos”.

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  3. Desde luego, a mí es la ciudad que más me encanta aparte de mi Córdoba, que para eso soy cordobés, Voy mucho a Sevilla pero si es verdad que no me encuentro tan a gusto, no sé porqué pero sí es como lo cuentas. Cosa que no me pasa por ejemplo cuando voy a otras ciudades que también frecuento como Cádiz o Málaga. Saludos!!!! Sólo le faltaría eso y sería la ciudad ideal del mundo. Saludos!!!!

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  4. Sevilla. Ya lo dijo el frances Joseph Peyre en su libro ”La Pasion en Sevilla”, es una ciudad que se ilumina a si misma, que no necesita de nada exterior porque tiene todo lo necesario para ser sublime dentro de ella misma. Discrepo en que solo le falta el mar para ser perfecta. No le hace falta. De hecho, con el mar no seria lo que es, deliciosamente imperfecta, como sus habitantes. Se dice, entre nosotros, los Sevillanos, que el ciudadano prototipico se siente practicamente bien en casi cualquier ciudad del mundo, mientras que el Sevillano solo se siente bien entre los callejones y tascas de nuestra ciudad. Esto sera quizas nuestro propio castigo. Pero, bendito sea. No sere yo quien diga que somos los mas abiertos y extrovertidos. Para eso ya estan otras ciudades. Cuesta entrar dentro de la sociedad Sevillana. Es algo reservado a gente que no pretende forzar las puertas del celoso secreto que poseé esta ciudad. Cuando eso se entiende, y sencillamente se siente ya estas dentro y eres abrazado como uno más. Pocos lo consiguen, algunos a la primera, otros a la vigésima… Menos mal que existe Sevilla. Si no tal vez habria que inventarla. Y ya no seria lo mismo. Saludos.

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  5. A mi me parece una ciudad sumamente agresiva.Un verano insoportable,no hay apenas fuentes para refrescarse(cualquier ciudad de Europa quintuplica el numero de fuentes en Sevilla)Los animales que desgraciadamente estan en la calle por(MUCHOS ABANDONADOS A SU SUERTE)no tienen donde beber,las personas no son delicadas en el trato.(Los buenos dias y las gracias se escuchan poquissimo.Laa personas son cerradas y hay mucha envidia.No hay lugar perfecto,pero Sevilla no la aconsejo a nadie…
    Hay muchos lugares bellos.en el mundo para visitar donde las personas son mas educadas,delicadas y verdaderamente abiertas.No confudamos extroversion con apertura!
    Ademas para estudiar sea lo que sea cualquier sitio tiene mas cualificacion.
    Sevilla en definitiva,es una ciudad de fachada,muy.agresiva,y nada acogedora.Sales de la estacion plaza de armas o de santa.justa y lo primero que te encuentras es cemento.Mucho.cemento!!

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    1. De qué sirve vivir en una ciudad si no compartes nada de sus tradiciones… Y mira que hay unas pocas. Ná te gusta, ná…
      De qué quieren que hablemos, ¿de política? ¿del tiempo? ¿del índice de pago? ¿de las guerras que destrozan el mundo? También se habla, también, pero poco y de pasada, no hay que martirizarse, si ya lo sabemos, si salimos es pá divertirnos, pá está llorando en un bar siempre hay tiempo.
      Estamos criados en que aquí o somos del Betis o del Sevilla, a mucha honra y ganen lo que ganen, hazte seguidor de uno, aunque también tengas tu equipo, ¿qué quieres que nos pasemos la tarde hablando del Madrid o del Barcelona? Apúntate a una peña, verás como haces amigos…
      Tampoco te gustan los deportes, hay clubs deportivos de todo tipo. Mi armaaaa, apúntate a aaaalgo, pero quédate después a tomar la cervecita, o un refresquito si no te gusta, pero como se dice aquí en Sevilla, irte es de mariconas.
      ¿Existe algo más importante en la vida que trabajar para divertirte? A la tumba no nos llevamos nada. Nada es más bonito que gastar tu dinero en compañía de los amigos, y si es en una de nuestras fiestas, mejor, encima le damos de comer a los de aquí.
      Aquí todavía preferimos, antes que la maxitelecurva, o la maxicocinadeimportación, o el maxiordenadorúltimageneración, aquí todavía preferimos, comprar algo más baratito que al final sirve lo mismo, e invertir en amistad, en compañerismo, en hacer grupo, en apuntarnos a una hermandad de Semana Santa o del Rocío, en flamenco, en toros, o a una peña, o a un equipito de algo, o a una caseta, a quedar con los amigos en una velá, o en sacar un carné de furbo…
      En definitiva, el que algo quiere, algo le cuesta, y las cervezas no son gratis, tenemos que mantener a la Cruzcampo, que es mú nuestra, o encima te gusta la mahou…
      En la última Semana Santa, un muchacho de color, de los que vienen como jornaleros del campo, había juntado para comprar o había conseguido, un traje de chaqueta azul marino, allí estaba ese hombre, como un señor, viendo la cofradía, ese sí estaba integrao… Y se veía en las tabernas del pueblo tomando un mostito, ¿ustedes creen que le faltaba el trabajo?
      Donde fueres, haz lo que vieres…
      Volvió a su tierra, le tiraba más: “Ole sus cojones”.
      Aquí aceptamos a todo el mundo, somos hospitalarios, no le faltamos el respeto a nadie, pero por favor, sigamos siendo como somos, Sevillanos, seguro que así nunca morirán nuestras tradiciones, dejémoselas en herencia a nuestros hijos.
      Esto lo dice, de corazón, un Butler… Gracias a Dios, mi tatarabuelo, debió ser como este chico de color, también se compró un traje azúl marino, y seguro que un sombrero “alancha”. Esi sí, él se quedó…

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