Aprender de los errores y el fracaso


20130401-020011.jpgCuando me sentía deprimida, acorralada por las circunstancias, o simplemente insatisfecha con la realidad que me envolvía, imaginaba y creaba formas, métodos para cambiar lo que me rodeaba. Un derroche de energía invertido en comprender, razonar y solucionar todo lo que debía modificar para mejorar la situación.

Muy productiva en la mayoría de las ocasiones, donde la lucha insaciable marca los caminos a elegir frente a todas las trampas que encontraba.

Un día, la lucha cesa, finalmente la armonía y la paz llegan a tu vida. Consigues descansar y simplemente disfrutar de todo lo que has invertido, ya no son necesarias todas las energías que derrochabas por cambiar la situación, y sólo puedes contemplar que realmente has construido algo que merece la pena. La vida te ha robado, te ha desprendido de tantas cosas que apreciabas, y sin embargo te compensa ahora con algo mucho mejor.

No me cansaré de repetir, que por un lado se pierde y por otro se gana. Que cuando pierdes, hay que buscar las razones por las que llegamos hasta ese punto, qué debemos cambiar. Nuestros errores. Sin recapacitar sobre ellos, es imposible poder reaccionar. Culpar al otro u otros nunca nos acerca a la solución de los problemas, muy por el contrario, nos distancia y hace reincidentes.

Por muy extraño que parezca son nuestras decisiones las que nos envuelven en los conflictos, siempre, detrás de ellos estamos únicamente nosotros mismos.

Animo a todos a que observen qué pueden cambiar para mejorar lo que la vida les ofrece, qué deberíamos hacer para que sea posible y buscar la forma de llegar ahí… No sirven sueños inalcanzables, todo se construye ladrillo a ladrillo, con su capa de cemento en medio. Si nos equivocamos y existe alguno que falla, debe cambiarse por otro, aunque ello nos cueste derribar casi todo lo que hemos construido… No importa, rehacer después de aprender es bien más sencillo, y al final compensa.

La experiencia del fracaso, nos hace más sabios, no unos incapaces. La capacidad no es directamente proporcional a la perfección. Sólo se alcanza algún grado de ella a través del aprendizaje, de los errores se aprende más que de los aciertos, estos nunca se olvidan, por ello es importante ser conscientes de ellos.

Cuantos más detectemos, más sencillo se hace el camino. Un buen maestro no es el que consigue que todos sean perfectos, sino aquel que detecta los fallos, y los premia con soluciones viables, haciendo del aprendizaje algo sencillo y no frustrante.
En la vida somos nuestros propios maestros, rodeados de pequeños maestrillos, que nos rodean y nos muestran que debemos corregir.

Y apreciar la humildad, reconocer las equivocaciones, premiar el fracaso de los valientes que se atrevieron a entrar donde nadie lo hizo antes, es una tarea importante que debemos aprender.

Para innovar y prosperar, se necesita de ellos, de los fracasados insistentes, tenaces, esforzados, luchadores, respetuosos y humildes. Para alcanzar las metas, sean cuales sean, en todos los aspectos, son necesarias en nuestras vidas todas estas características. Esa debe ser nuestra lucha, convertirnos en uno de ellos.

5 Comments

  1. Fabuloso artículo, cuanta verdad y cuanta enseñanza se refleja en el mismo. Es cierto que deberíamos analizar cada fracaso para extraer la enseñanza positiva que guarda y emplearla en aprender de la experiencia para mejorar como persona y aprovecharla en nuestra felicidad y así poder transmitirla a quienes nos rodean. Que fácil pero a la vez que difícil, por eso es bueno que nos lo hayas recordado y explicado de una manera tan diáfana. Muchas gracias por tan deliciosa lectura.

    Me gusta

  2. Comparto este pensamiento al 100%. Hay que pararse a pensar en el problema lo justo y ponerse manos a la obra para buscar las soluciones definitivas

    Me gusta

  3. Para mi ha sido una lectura muy contructiva. Desde quereconozco cuales son mis limites y mis potenciales , reconocer los errores y sacar un aprendizaje, te ayuda a mejorar como persona. Soy de las personas q nunca dejan de aprender y de asombrarse de muchas cosas. Pero a mis 34 años ya conozco la serenidad y está genial. Muchos salidos Lola

    Me gusta

Y tu, ¿ qué piensas? Puedes dejar aquí tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s